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jueves, 9 de febrero de 2012

3. Concierto de la Real Orquesta de Sevilla. Ballet Pulcinella de Stravinski

La tercera obra del programa es el ballet Pulcinella del compositor ruso  Igor Stravinski,  nacido en 1882 y fallecido en 1971, uno de los compositores más improtantes del siglo XX.

Stravinski

Fue un encargo de Sergéi Diághilev para los ballets rusos en París, donde ya se estrenaron antes de la primera guerra mundial otros tres ballets suyos, entre ellos la rompedora "Consagración de la Primavera". Pulcinella, que hace referencia a un personaje de la comedia del Arte, fue estrenada en 1920 y es una obra clave dentro de la producción de Stravinski, ya que significa un cambio en su estilo compositivo. Supone una mirada al periodo barroco y clásico de la música, es decir, al siglo XVIII. Está compuesta utilizando fragmentos de obras de estos períodos pero desde el conocimiento musical de un compositor del siglo XX, es decir, esta música es imposible que la hubiese compuesto Bach o Mozart. Esto esta dentro de un estilo que nace por esos años llamado Neoclasicismo y del que Stravinski es su máximo exponente.

Después de componer La Consagración de la primavera (más información en los siguientes  enlace1   enlace2 de este blog), tan rupturista y primitiva a la vez, Stravinski siente un cierto vértigo. Se abren ante él todas las posibilidades, todo le está permitido. Es un autor reconocido y valorado, por lo que puede permitirse lo que quiera, pero esto produce en él gran inquietud que le lleva a buscar un cierto orden en su obra centrandose en lo conocido, en los pilares de la música occidental. Buscar en definitiva el suelo firme que le permita construir sobre él sus nuevas composiciones, y es por esta razón por la que dirige su mirada al siglo XVIII, donde los pilares del lenguaje musical están muy asentados. 

La orquesta va a tocar el vienes 17 de febrero la versión completa del Ballet, tal y como la concibió Stravinski originalmente, que incluye tres cantantes, mezzosoprano, tenor y barítono, que no desempeñan en realidad ningún papel concreto y son considerados más bien como tres instrumentos más.

La obra posee una belleza y vitalidad que no pasan desapercibidas. Se suceden 18 números que guardan una gran relación estilística entre ellos, pero a la vez son muy originales y con personalidad propia.

Dejo el siguiente enlace con una excelente versión dirigida por Claudio Abbado, y cantada entre otros por la magnífica mezzosoprano Teresa Berganza. 

Son 18 breves movimientos contados desde el enlace siguiente:

domingo, 29 de enero de 2012

2. Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (17-02-2012): Mozart y Tchaikovsky

Programa:
Sinfonía nº 27 en sol mayor K.199
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Variaciones sobre un tema Rococó
Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893)

Pulcinella (Ballet)
Igor Stravinski (1882-1971)

Josep Pons Director
Daniel Müller-Schott Violonchelo
Marina Rodríguez- Cusí Mezzosoprano
Francisco Vas Tenor
José Antonio López Barítono

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Teatro de la Maestranza, viernes 17 de febrero de 2012



Normalmente, un concierto reune una serie de obras con las que se pretende profundizar en una determinada idea. Esta selección suele guardar una lógica interna, que cuando es conocida por el oyente, puede no sólo escuchar las obras como objetos independientes, sino también reflexionar sobre el mundo nuevo de interrelaciones que se abre ante si. El programador de los conciertos, de esta forma, aporta su propia visión, sugiriendo un nuevo contexto en el que escuchar las obras.

Algo así ocurre en este concierto, que a mi modo de ver, establece como tema principal la mirada al pasado. Todas las obras programadas tienen en común el cómo hacer música en su presente, inspirándose en tiempos anteriores, como si se quisiera dejar de lado un presente que no gusta demasiado o del que se necesita salir por diferentes motivos.

W. A. Mozart

El hilo conductor que une las tres obras de este concierto es el clasicismo, y la visión que sobre el mismo se tiene desde tres siglos diferentes. Por este motivo la orquesta estará constituida por un número reducido de instrumentistas,  tal y como ocurría en la segunda mitad del siglo XVIII.  La primera obra, la sinfonía número 27 es del siglo XVIII, de 1773 para ser exactos y es compuesta por Mozart con 17 años. Pertenece a lo que se ha dado en llamar clasicismo musical, que es un periodo comprendido entre 1765 y el primer cuarto del siglo XIX. Aquí tenemos la primera mirada al pasado, la época clásica de nuestra cultura, al mundo griego. En música surge como contraposición a las complejidades armónicas y rítmicas del barroco, el periodo artístico anterior, por un cambio del gusto por parte de la aristocracia, la gran consumidora de música de la época, y por la incorporación de una nueva clase social al disfrute de la música, la burguesía.

El término clasicismo  se refiere a las características que se perciben de la tradición greco-romana, como serenidad, equilibrio, proporción, sencillez, disciplina y artesanía formales y una expresión universal y objetiva, en vez de particular y subjetiva

Esta primera obra del programa, de aparente intrascendencia, sitúa perfectamente la temática del concierto. En su comienzo, ligero y gustoso de escuchar, aparecen algunas pinceladas oscuras, difíciles de percibir si no se presta suficiente atención, que son más intensas en el bellísimo segundo movimiento y que nos llevan a un más elaborado tercer movimiento, que por momentos, recuerda a algunos sublimes pasajes de sus operas. Mozart es un compositor que incluso en los momentos aparentemente más alegres nos sorprende con alguna mirada triste y expresiva.


  Daniel Müller-Schott 


La segunda obra es las “Variaciones sobre un tema Rococó” de Piotr IIich Tchaikovsky, estrenada en 1877, es decir,  un siglo después. En esta obra queda claro el apego de su autor por el estilo galante del siglo XVIII. Son ocho variaciones sobre un tema clásico, de gran virtuosismo en la parte solista dada por un violonchelo, que se contrapone, a modo de concierto para dicho instrumento, al resto de la orquesta.  Es una mirada al siglo XVIII, pero desde los parámetros de la estética romántica, si bien impregnada de un sentido decorativo que mira al pasado. Estamos ante una recreación moderna del modelo clásico, una anticipación neoclásica en suma.

P. I. Tchaikovsky

Llama la atención la claridad de las texturas de una orquesta de pocos efectivos, teniendo en cuenta que fue compuesta en pleno romanticismo, periodo en el que la escritura orquestal es mucho más densa y el número de músicos que compone la orquesta es significativamente superior.

Tchaikovsky es el compositor ruso más importante del siglo XIX. El atractivo de su música viene de la riqueza inagotable de su melodía y de un brillo orquestal que le aporta un sello bien reconocible. Fue uno de los grandes orquestadores de la historia de la música.

Puedes escuchar las dos primeras obras del programa en estos enlaces:

Mozart, sinfonía nº 27 (Trevor Pinnock)
(Son tres movimientos que debes seleccionar cuando estés dentro de spotify)


Tchaikovsky, variaciones sobre un tema Rococó (Gergiev-Capuçon)
(Son ocho movimientos que debes seleccionar cuando estés dentro de spotify)

En los siguientes enlaces de Youtube se pueden ver algunos vídeos del violonchelista
Daniel MüllerSchott

Variaciones Rococó

Concierto para violonchelo de Dvorak

Doble concierto para violín y violonchelo de Brahms

Trío para violín violonchelo y piano de Mozart

domingo, 8 de enero de 2012

Hector Berlioz y las Noches de Verano

Hay obras que, por alguna razón, no ocupan para un aficionado a la música un lugar importante, al menos a priori, pero que en un determinado momento, y sin saber muy bien la razón adquieren un gran protagonismo. Esto es lo que me ha ocurrido con “Les nuits d’été” del compositor francés  Hector Berlioz. Me pasaron desapercibidas hasta que pude escuchar la obra en directo, fue hace dos años aproximadamente, estaban incluidas en la temporada de abono de la ROSS. Las descubrí escuchando algunas grabaciones para preparar el concierto y me sorprendieron gratamente por su belleza y lirismo. Después escuché la estupenda versión de la orquesta en vivo con la contra-alto Nathalie Stutzmann, para mi gusto una voz demasiado grave y oscura para el papel. Pero reconozco que no ha sido hasta ahora mismo cuando he reconocido el enorme valor de esta obra al escuchar, repetidas veces, la reciente grabación de la mezzosoprano Anne Sophie Von Otter y la Orquesta de los Músicos del Louvre, dirigidos por Mark Minkowsky.




(Hector Berlioz)

Hector Berlioz es un compositor que no ha tenido el reconocimiento y la valoración que merece en un amplio sector del público, y del que se recuerda sobre todo su Sinfonía Fantástica como obra destacada y de incorporación frecuente a las programaciones de la orquestas actuales. Sin embargo son muchas las obras que merecerían destacarse de su producción. Nació en 1803 y murió en 1869 por lo que vivió dentro del periodo romántico del siglo XIX. Su creación artística estuvo marcada por dos factores fundamentales, el conocimiento de la obra de dos genios,  William Shakespeare y Ludwig Van Beethoven. De hecho, sus sinfonías  incorporan la voz humana al igual que la 9ª de Beethoven y prácticamente toda su producción tiene influencias del genial dramaturgo inglés. Otra característica importante de su obra es el programa o argumento inherente a sus obras, aunque estas sean de carácter intrumental. Baste recordar que en el estreno de su Sinfonía Fantástica los asistentes recibían una octavilla con las explicaciones correspondientes al argumento de la obra, aunque ésta era de carácter instrumental. Otro aspecto importante es el uso de la instrumentación y orquestación como elementos consustanciales a la obra y no como meros elementos de relleno o de decoración. También es importante el uso de la idea fija, recurrente dentro de sus obras y que destaca de forma importante el aspecto psicológico de sus composiciones y que sería el germen de lo que más tarde evolucionaría en la música programática de la mano de Liszt, Wagner o Richard Strauss.

Berlioz no es considerado por muchos como un músico de primera fila, quizás por poseer una obra inclasificable y original que da comienzo a un estilo nuevo lleno de sugerencias literarias y por tanto alejado del modelo clásico,  y por ser un revolucionario en sus múltiples concepciones artísticas,  que incluso en la actualidad sigue provocando cierto desconcierto. Sin embargo es un autor que tiene importantes defensores como el director inglés, Sir Colin Davis que tiene grabada prácticamente toda su obra. Su catálogo creativo es muy amplio, por ejemplo la Sinfonía Romeo y Julieta, la Sinfonía sobre un tema Fúnebre y Triunfal, el Réquiem, la excepcional Sinfonía Fantástica, el oratorio La Infancia de Cristo, sus óperas entre las que destaca Los Troyanos y otras muchas composiciones que no hacen sino afianzar su categoría artística. Pero en esta entrada quisiera destacar una bellísima obra que muchas veces pasa desapercibida “Les nuits d’ètè “. Es una colección de 6 canciones sobre poemas de Theophile Gautier que dan unidad a la obra por la temática común de los textos en los que el amor es el protagonista. Las canciones extremas son más extrovertidas mientras que las cuatro centrales tienen un sentido más melancólico y desesperado. Es imprescindible leer los poemas mientras se escucha la música en una versión bilingüe, como la que se puede ver en este (enlace), para percibir la obra plenamente. Es una obra bellísima que por momentos recuerda a las mejores arias de opera.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lars Vogt y La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla interpretan un Brahms primoroso

Uno de los atractivos de asistir a un concierto es descubrir música nueva que no has escuchado antes, y que esta te sorprenda y que a partir de ese momento indagues un poco y descubras un nuevo mundo potencial de disfrute personal.
En otras ocasiones, cuando el programa que se interpreta es conocido, se ha escuchado muchas veces, e incluso se conocen distintas versiones de las obras, lo que se espera encontrar en el concierto es la realidad de la obra, su dimensión última, la conexión de los intérpretes con el público, detalles no percibidos en las grabaciones y vivir una emoción pura que conduzca a una sensación de felicidad difícil de expresar con palabras y que no se consigue de ninguna otra forma.
Es cierto que esto no se consigue siempre, que la mayoría de las veces las sensaciones son parecidas a lo expresado anteriormente aunque en menor medida de lo deseable, pero a veces el milagro ocurre y uno agradece la suerte de haber vivido esos momentos. Esto último es lo que ocurrió en el concierto del pasado 8 de diciembre ofrecido por La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en el Teatro de la Maestranza, donde se pudo escuchar entre otras obras (enlace), el concierto para piano número 1 opus 15 de Johannes Brahms, verdadera obra maestra  de este compositor, y que fue interpretada de forma sublime.


Johannes Brahms

Un primer movimiento intenso y dramático, un segundo como de otro mundo, de una belleza y una expresividad fuera de lo común y un tercer movimiento arrebatado y de energía contagiosa. En definitiva un Brahms de verdadera altura que me sorprendió gratamente, pues desde mi punto de vista, superó a cuantos he escuchado en disco, con una orquesta en estado de gracia, un pianista Lars Vogt excepcional si más y un director Michael Schønwandt que entendiá a Brahms como si lo hubiese conocido en persona.
 La orquesta sonó transparente y con un gran sentido del color, del matiz y del contraste dinámico, poniendo de relieve la opulencia orquestal de este compositor, pero a la vez sacando a relucir los diferentes planos de la textura musical de una manera prodigiosa, aunque por encima de todo lo más destacado fue la enorme trascendencia con que fue interpretada esta música, desde los momentos más dramáticos a los más delicados y bellos. Con noches como esta, cuando se ven asientos vacíos, uno piensa, si saben los sevillanos en general, la joya que esta ciudad alberga, patrimonio de una ciudad que gana enteros con una institución como esta, que ha costado tantos años de trabajo ponerla a este nivel con el apoyo de todos, y que hay que preservar a toda costa y más en tempestades económicas como la presente que puede arrasarlo todo, pero que debemos mimarla y preservarla a toda costa sino queremos ser nosotros mismos los que naufraguemos.

El concierto para piano número 1 de Brahms fue terminado de componer en 1857, cuando el compositor contaba con 24 años de edad. Tiene una concepción ante todo sinfónica, en la que el piano y la orquesta aparecen más como un todo indivisible que como en el clásico concierto en que instrumento solista y orquesta son enfrentados musicalmente. Es un concierto dramático y de gran intensidad lírica, posiblemente derivada de su experiencia como compositor de canciones.
Se piensa que el emotivo y dramático comienzo de la obra está influído por la muerte de Schumann, auténtico mentor de este concierto. El sublime segundo movimiento parece una antesala de su Requiem, por su elevado carácter, no en vano aparece manuscrito en la partitura lo siguiente: “Benedictus qui venit in nomine  Domini” en homenaje a su admirado maestro Robert Schumann.

En el siguiente enlace se puede escuchar una de las mejores versiones recientes de la obra, interpretada por Nelson Freire al piano y Ricardo Chailly en la dirección de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig.



martes, 6 de diciembre de 2011

Naturaleza y Arte

Luz, aire, agua, mar, árbol, la sola enunciación de estas palabras sugiere muchas cosas. Hay ideas en ellas, conceptos, elementos inabarcables y desconocidos. La experiencia que supone un paseo por la playa o la montaña, por lugares de naturaleza plena, es extraordinaria si tenemos los cinco sentidos despiertos. Hay más cosas que nos envuelven que los puros conceptos que expresan las palabras, hay sensaciones difíciles de traducir mediante algún lenguaje conocido, posiblemente este es el objetivo del arte y manifestaciones del mismo como pintura, escultura o música. Las palabras en si son abstracciones y simplificaciones de la realidad, cuando se juega con ellas para trascender su significado entramos en una nueva dimensión de conocimiento, el que nos proporciona la literatura y la poesía, es decir, el universo artístico. El arte es la búsqueda de la utopía, aquella expresión máxima de conocimiento absoluto, en la que a través de la belleza nos acercamos a este ideal de plenitud, allí donde surgen las ideas del mundo, donde la búsqueda de lo infinito a través de lo finito, aunque una quimera, se convierte en un itinerario vital.

La experiencia estética que supone observar el mundo a través del arte es una de las sensaciones más maravillosas que se pueden vivir. Sugiero dar un paseo por el campo escuchando, por ejemplo, las variaciones Goldberg de J. S. Bach en el mp3, la experiencia es realmente extraordinaria, percibir una brizna de hierba escuchando el comienzo de esta obra, da sentido al milagro que supone la vida. Esto recuerda a las sensaciones que se perciben con las películas de Terrence Malick, por ejemplo en la penúltima “El nuevo mundo”, donde la observación de la naturaleza mientras suena el preludio de “El oro del Rin” de Richard Wagner, o el maravilloso segundo movimiento del concierto número 23 de Mozart, o en multitud de instantes de su última y enigmática película “el árbol de la vida”, aporta estas experiencias trascendentes que desconciertan por la inquietud que suponen la vivencia emocional de los misterios del mundo.

Cuando las variaciones Goldberg comienzan, da la sensación de que el tiempo se ha detenido, de que todo cuanto te rodea está sujeto a unas normas diferentes a lo habitual, pero de pronto surge el segundo movimiento y es la vida en plenitud lo que surge al instante, casi se siente el crecimiento de las hojas de los árboles y cuando digo esto me refiero a todas ellas, como en una sinfonía de vida y plenitud que no se detiene ante nada. En algunas de las variaciones más rápidas me vienen a la cabeza la variedad de formas de la naturaleza, sus recovecos y la luz que los traspasa en un mosaico de formas y colores. Las variaciones más lentas y reflexivas nos llevan a una mayor contemplación de cuanto nos rodea, provocan una emoción contenida.


La mejor versión de todas cuantas he escuchado, desde mi punto de vista, es la de Glenn Gould  grabada en 1981, es una versión mucho más reflexiva que su anterior grabación de 1955, todo un volcán de vitalidad y energía rompedora y toda una declaración de intenciones del interprete, sin embargo la última que grabó nos llena de luz del atardecer, con todos sus contrastes y claroscuros. Las dos son imprescindibles.

 

Todas las variaciones de la obra son excepcionales, pero destacaría el aria con que da comienzo y la variación 26, sin olvidar el cierre de la obra que es una especie de vuelta a empezar, pero sin que nada sea ya lo mismo, en un movimiento cíclico que hace aún más verosimil su acercamiento a los ciclos de la vida. La potencia expresiva de esta obra se realza en estas versiones pianisticas, la versión original fue compuesta para clave, mediante una variedad de matices casi infinita. Su profundidad expresiva y su nivel de abstracción son abrumadores. Como toda buena obra se disfruta cada vez más con el paso del tiempo.

Versión de 1981

Versión de 1955:
J. S. Bach: Variaciones Goldberg BWV 988. Glenn Gould

sábado, 3 de diciembre de 2011

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y la quinta de Mahler



Esta noche he asistido al cuarto concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Sevilla, y después de bastante tiempo sin publicar ninguna entrada, he estado muy ocupado últimamente, he sentido un fuerte impulso para dejar constancia en el blog del magnífico concierto que nos ha ofrecido nuestra orquesta dirigida por su titular Pedro Halffter.

 En cartel la sinfonía número 5 de Mahler. Obra compleja, intensa, emotiva y que aglutina tantas cosas como pocas composiciones, una de esas obras que uno estaría escuchando permanentemente, que no cansa y que al contrario cada vez que se escucha parece nueva.

 En primer lugar quiero comentar el lleno absoluto del teatro. Cuando Mahler dijo que su momento llegará, en alusión a lo escasamente comprendida y conocida que fue su música durante su vida, y que confiaba que en el futuro sería mejor valorada, y viendo el teatro lleno a rebosar y con mucho público joven, vemos claramente que su vaticinio se ha cumplido, que su música goza de un esplendido presente, pero lo que es más importante todavía, que suyo también es el futuro.

 Una obra como la presente saca a relucir de la orquesta sus virtudes y sus defectos, poniéndolos claramente encima de la mesa, y francamente, en noches como esta hay que descubrirse ante la enorme calidad de esta agrupación sinfónica, que digamoslo con claridad es una de las mejores de España, y que sería imperdonable, para quien lo hiciese, que fuese sometida  a más recortes. Creo que hoy en día esta orquesta habla fuerte y claro de la importancia que tiene Sevilla desde un punto de vista cultural, siendo por tanto un reclamo para todos cuantos se planteen visitar la ciudad. La labor desempeñada por su director Pedro Halffter es verdaderamente encomiable, el cual ha crecido artísticamente a la par que la orquesta. Su inteligencia a la hora de programar las obras de la temporada, tanto la ópera como  los conciertos de abono, queda clara a la hora de asistir a conciertos como este. No hay más que echar un vistazo a las obras programadas tanto en esta temporada como en las anteriores para darse cuenta de que la exigencia de las obras elegidas, hacen que la orquesta suba varios peldaños en  calidad. Todas las secciones han mejorado en estos años, quedando claro cómo una obra como la quinta de Mahler, le viene como anillo al dedo a esta orquesta. La interpretación no sólo estuvo a una extraordinaria altura en cuanto a calidad orquestal, sino también en lo que se refiere a emoción y profundidad expresiva, tensión y dramatismo. Sólo pondría un pero, un excesivo volumen de los metales que en determinados momentos se comían a una cuerda en estado de gracia.



En definitiva una noche para guardar en el recuerdo de cualquier aficionado a la música y para felicitarnos de lo que significa poder disfrutar de una orquesta como la ROSS, y de un director con las ideas claras y con una gran capacidad de liderazgo.




martes, 25 de octubre de 2011

La consagración de la primavera de Igor Stravinsky (1882-1971). Parte I

Hay pocas obras que hayan significado tanto en la historia de la música clásica como La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky. Se habla de que existen dos obras fundamentales en la historia de la música, que significan un antes y un después. Una es la tercera sinfonía de Beethoven, que cierra el mundo del clasicismo, y abre el mundo nuevo del romanticismo en lo que a música se refiere, y la otra es la obra que nos ocupa, que produce un punto de inflexión en muchos conceptos existentes en el arte musical, hasta la fecha.



Se puede decir que inicia la andadura de la música moderna en el siglo XX, superando las grandes obras del romanticismo tardío. Está compuesta en una época convulsa de Europa, de caída y crisis de un imperio y de una forma de vida de una determinada parte de la sociedad que desembocaría poco después en la primera guerra mundial. La consagración está impregnada de esa crisis, lo que hace que su estilo sea tan brutal, contundente, rompedor,…. con todo lo creado hasta la fecha.

La obra fue estrenada en París en 1913, poco antes de la primera gran guerra, lo que pone de manifiesto el ambiente que se respiraba en esa época. Algunos han creído ver en esta obra un anticipo de lo que vendrá después, como ha ocurrido con las demás artes. La tragedia se respiraba en el ambiente y el artista la capta con su extrema agudeza y sensibilidad.

El París donde se estrena la obra, es el París de las vanguardias, un público ávido de novedades y que sin embargo montó un escándalo en el estreno, que sin lugar a dudas dio fama a su autor, y en concreto a esta obra.

La música surge como un encargo del empresario Serguei Diaghilev, director de los ballets rusos. Hombre con gran olfato para descubrir lo provocador y genial en el arte. Son muchos grandes compositores los que reciben encargos de Diaghilev en el comienzo de sus carreras, como el propio Stravinsky, Debussy, Ravel, Satie, Falla, Prokofiev,…. Grandes compositores de su tiempo, que fueron tentados para componer obras para la escena, y que participaron en uno de los momentos más creativos del siglo XX.



El escándalo, entre otras razones, vino dado porque una parte del público que asistió al estreno estaba acostumbrado a otro tipo de música para ballet, más melódica y menos rupturista, ya que, el espectador asiduo a este tipo de representaciones era, en esa época, más conservador en materia estética.
El argumento del ballet está situado en una época pagana, prehistórica, de una Rusia en la que se suceden los rituales de adoración a los dioses y en la que el sacrificio de una doncella, que debe bailar hasta su muerte, debe servir para obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la primavera. Se muestra así una visión irracional y pre-civilizada del hombre, en relación con la naturaleza y sus fuerzas telúricas, que irrumpen en la primavera rusa después de un largo y duro invierno, como una auténtica eclosión de vida en el imparable ciclo natural. Stravinski decía que la primavera en Rusia era como una explosión.




En la próxima entrada comentaré de forma más precisa la obra. La siguiente versión es una de las mejores de la pieza, corresponde a la Orquesta Sinfónica de Cleveland, dirigida por Pierre Boulez.

La consagración de la primavera, Stravinsky

viernes, 21 de octubre de 2011

Miguel Fleta, un tenor para el recuerdo

Quisiera dejar constancia en esta entrada, de la importancia que tuvo para mi conocer por boca de mi querida abuela Carmen la admiración que sentía su padre, mi bisabuelo Pepe Oliver, hacia el arte del tenor español Miguel Fleta. Me hablaba de los discos que escuchaba y de cómo viajaba de Adra a Almería en los años treinta para escuchar a este tenor. Las dos ciudades están separadas por cincuenta kilómetros, lo cual no es una distancia baladí si tenemos en cuenta que estamos hablando de los años treinta, antes de la guerra civil. Esta información de primera mano me hizo investigar sobre la vida de este tenor completamente desconocido para mi. Y descubrí algunas cosas interesantes y hasta sorprendentes, llegando a ser para mi uno de esos pocos artistas  especiales, que no solamente son admirados por su arte sino también por su humanidad y entrega.


Nació en 1897 en Albalate de Cinca, Huesca y murió en La Coruña en 1938, es decir una vida de poco más de 40 años. De origen humilde, pastor de ovejas en su niñez. Comenzó cantando jotas y fue descubierto por la que posteriormente fue su mujer, la soprano Luisa Pierrick, cuando realizaba una prueba de voz en el conservatorio de Barcelona, donde ella era profesora, quedando cautivada por el timbre de su voz, como ella misma expresó: “enseguida comprendí la importancia de la voz de Miguel [Fleta] y sobre todo su sentimiento”. Ella lo forma y en no mucho tiempo estaba cantando en los mejores teatros del mundo, La Scala de Milán, Volksoper de Viena, Teatro Massimo de Palermo, La Fenice de Venecia y hasta el mismísimo Metropólitan de Nueva York, el éxito es total,  su voz cautiva al público, más que eso, produce entusiasmo por donde quiera que va, es su época dorada, los años veinte. Esa subida tan fulgurante, tantos éxitos, en una naturaleza humilde y generosa como la suya hacía que no tuviera inconveniente en repetir hasta varias veces a petición del público las arias más famosas en las representaciones de ópera, e incluso llegara a cantar en plazas de toros, sobre todo al final de su carrera, sin medios de amplificación sonora, todo un exceso que llegó a pagar caro, pues su voz a finales de los años veinte comienza a declinar provocando un alejamiento de los escenarios importantes del mundo operístico y el periplo por toda la geografía española durante la segunda república, por teatros menores y escenarios excesivamente grandes para la voz humana, lo que empeora aun más su maltrecha voz. Triste historia para un cantante que estrenó en La Scala de Milán a petición del ilustre director Toscanini, la ópera póstuma de Puccini, Turandot en 1926, o que triunfó en el Metropolitan de Nueva York con I Pagliacci, una obra que desde la muerte de Caruso,  ningún cantante quiso ponerla en escena en este teatro, el recuerdo de este ilustre cantante era todavía incuestionable y una pesada carga para cualquiera. Fleta afrontó el reto y triunfó de forma apoteósica.

Como llegó a decir el mismísimo Lauri Volpi después de escucharlo cantar: “Su voz cálida, amplia, oscura, extensa y dúctil era de las que en la historia del teatro lírico se cuentan con los dedos de una mano y se oyen con intervalos de varios lustros. Voz única por cantidad, calidad y emotividad entre las muchas que he tenido la ocasión de admirar hasta hoy en todos los teatros del mundo. Jamás he oído cataclismo semejante en teatro alguno ni he asistido jamás a un triunfo tan emocionante”.

Estos son algunos ejemplos de su arte:

En los dos enlaces siguientes se pueden escuchar dos preciosas perlas de su arte, "E lucevan le stelle"  de la Tosca de Puccini y "La donna e mobile" del Rigoletto verdiano, ambas son grabaciones de los primeros años 20.
En estos otros, tenemos el aria "Vesti la giubba" de I Pagliacci, de Ruggero Leoncallo seguida de "Che gelida manina" de la Boheme de Puccini
Miguel Fleta. Leoncavallo-Pagliacci

Miguel Fleta. Puccini-La Bohème



domingo, 2 de octubre de 2011

Inicio de la temporada en el Teatro de la Maestranza. Ciclo Mozart I

Con las bodas de Fígaro se culmina el inicio de temporada del Teatro de la Maestranza, con un pequeño ciclo dedicado al genio de Salzsburgo. Ha sido una inteligente e interesante propuesta de la dirección artística del teatro, por lo que significa para público y orquesta de adentrarse en el universo mozartiano. Los días 13 y 15 de septiembre, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), dirigida por su director titular y artístico Pedro Halffter, ofreció sendos conciertos monográficos en los que se interpretaron cuatro conciertos para instrumentos de viento de Mozart, los de flauta K.313, clarinete K.622, oboe K.271 y fagot K.191. Todos magníficamente interpretados en el papel solista por miembros de la propia orquesta y donde ésta dio claras muestras de su evolución y progreso en la interpretación, dentro de estilo, de este repertorio, con una cuerda menos numerosa y ágil que de costumbre, evitando el vibrato, inexistente en este periodo y muy común en épocas posteriores.

Destacó el bellísimo concierto para clarinete, obra maestra para este instrumento, de una enorme profundidad expresiva, en especial el segundo movimiento, que abona aún más la idea de considerar a Mozart como compositor que trasciende a su propia época. En palabras de Paumgartner “Todo en esta página es confesión dolida, sonriente sabiduría devenida sonido, iluminado conocimiento de lo bello, de la felicidad y transitoriedad de la vida”.
En el siguiente enlace se puede acceder a la magnífica versión de este concierto a cargo  de La Orquesta de Cleveland dirigida por George Szell y con Robert Marcellus al clarinete.

Cada uno de estos conciertos incluyó en su segunda parte una sinfonía, la número 40, K.550 y la número 41, K.551, respectivamente. La primera de ellas sonó impetuosa e intensa, más cerca de Beethoven que de intentar mostrar toda la desolada belleza que esconden estos pentagramas. Se presentía un cierto halo romántico en esta interpretación, que descoloca al principio, pero que alcanza todo su sentido si se tiene en cuenta la trayectoria vital de Mozart, su necesidad de libertad, su consiguiente alejamiento de la seguridad material en la corte  Salzburguesa para adentrarse en un mundo incierto los diez últimos años de su vida, con su traslado a Viena, para intentar vivir de su trabajo y no como un siervo más de la corte. Esto que fue posible en el siglo XIX, era todavía imposible al final del siglo XVIII al no existir aún una clase media burguesa que pagara por asistir a conciertos, y el músico todavía dependía de los encargos y caprichos de la Nobleza. En esta ansia de libertad tanto material como artística están cimentadas obras con un profundísimo sustrato expresivo propio de obras de épocas posteriores, como esta sinfonía número 40 o el concierto para clarinete referido anteriormente.

 La interpretación de la sinfonía número 41 fue de una claridad instrumental y belleza extraordinarias, mostrando con meridiana claridad su conseguido contrapunto y las grandes sugerencias operísticas de esta obra.

De estas dos sinfonías propuse una grabación mediante un enlace en la entrada del 8 de septiembre de este blog, con una orquesta moderna, la del Concertgebow de Amsterdam dirigida por Josef Krips, ahora propongo una versión de una orquesta formada por instrumentos originales, es decir de la época de Mozart, con tempos más vivos y contrastados, de la Orquesta du musiciens du Louvre dirigida por Marc Minkowski.

Mozart: Sinfonía nº 40. Minkowski

Mozart: Sinfonía nº 41. Minkowski

lunes, 19 de septiembre de 2011

Audición: Sinfonías 1, 2 y 3 de Beethoven

Es difícil seleccionar obras de Beethoven para iniciarse en su música, pues son muchos los géneros, sinfónico, camerístico, piano solo,…  en los que llegó a las cotas más altas de calidad y maestría. Pero partiendo de la base de que ésto sólo es un comienzo, me atrevo a sugerir la audición de las tres primeras sinfonías. ¿Y esto por qué?. ¿Por qué no empezar con las extraordinarias y más conocidas quinta o novena por ejemplo? La razón es bastante simple, por asistir con los oídos más nuevos posibles al descubrimiento de los enormes progresos con respecto a sus antecesores, Mozart y Haydn principalmente, y para percibir el avance dentro de la producción del propio autor. Mientras que en la primera sinfonía Beethoven coge el testigo de su maestro Haydn, adoptando características propias de la música de éste (comienzo lento del primer movimiento, claridad estructural propia del clasicismo,…) evolucionando en la segunda a un lenguaje más personal aunque con un adagio también en el comienzo al igual que las últimas sinfonías de Haydn, y rompiendo absolutamente con todo en la tercera dando lugar a una de las obras más descomunales y rupturistas de la historia de la música.

En los tiempos que corren y después de lo mucho que se ha oído desde que se compusieron estas obras, es difícil percibir su modernidad, pero escuchando con atención estas obras podemos acercarnos a este ideal de novedad.
Beethoven es el compositor en el que se dan la mano el clasicismo en sus inicios compositivos con el romanticismo más personal en la última etapa de su vida, siendo uno de esos músicos con los que uno se involucra tanto que siempre sorprende y fascina a partes iguales.

Las grabaciones de estas obras son innumerables. Han sido llevadas al disco por una enorme cantidad de directores y orquestas por lo que seleccionar entre tanto y tan bueno es difícil. De todas formas, la versión que propongo fue una de las primeras que escuché allá por los 90 y todavía me sigue gustando y mucho. Es de la orquesta de Cámara de Europa dirigida por Nikolaus Harnoncourt grabada entre 1990 y 1991. Utiliza una orquesta moderna pero atendiendo al estilo historicísta, es decir, un número de músicos no muy grande consiguiendo una transparencia en el tejido musical muy apreciable, además son utilizados metales y percusión de época por lo que se obtienen unas sonoridades incisivas, cortantes y de una expresividad muy especial.

Beethoven: Sinfonía nº 3. Harnoncourt

martes, 13 de septiembre de 2011

Audición: Conciertos de Brandemburgo de J. S. Bach

Si se realizase una encuesta con la pregunta de cual es el compositor más importante de la historia de la música, seguramente Bach ocuparía el primer puesto. Su música no sólo está llena de logros técnicos que han marcado tendencia y que han sido estudiados de forma minuciosa por su sabiduría musical, además de por su gran creatividad a lo largo de los siglos, sino que además desde el punto de vista del escuchante, del aficionado, es un compositor realmente excepcional que no defrauda nunca y al que se vuelve constantemente, en muchos casos para descubrir que muchos de los avances de la vanguardia del siglo XX, se encontraban ya en la música de este compositor genial.
Su música es inagotable. Compuso más de mil obras en las que no se conocen obras menores. Nació en 1685 y murió en 1750, por lo que es un compositor del período barroco, coetáneo de otros excelentes músicos como Vivaldi y Haendel. Podríamos elegir muchas obras para iniciarnos en este músico, pero considero los Conciertos de Brandemburgo como obras ideales para esto.

Estas obras, seis en total, están catalogados como BWV 1046-1051, y fueron dedicados al Margrave de Brandemburgo, de aquí su nombre. En el manuscrito el autor se refiere a ellas como "conciertos para varios instrumentos" , es el caso, por tanto, de varios instrumentos solistas enfrentados a una orquesta barroca lo cual aporta un gran colorido y variedad instrumental a las obras dentro de un estilo más cercano al concerto grosso  italiano.

Los seis conciertos son obras maestras y sería incapaz de destacar alguno sobre el resto, me parecen excelentes todos, con una riqueza melódica y polifónica fuera de lo común. Para descubrir las grandes bellezas que encierran estas obras recomiendo escuchar una versión que se atenga a los postulados originales en cuanto a tipo y número de instrumentos, ya que en orquestas demasiado grandes y modernas se ha tendido a hacer versiones románticas de estas obras, lo cual va en contra sus principios originales. Afortunadamente estas prácticas están en desuso actualmente, y aunque ahora las orquestas sinfónicas vuelven a hacer suyos estos repertorios, se adaptan perfectamente a los cánones de la época, utilizando incluso, en algunas familias de la orquesta, instrumentos de época aportando frescura a las interpretaciones. También es muy común hoy que los grandes especialistas en música barroca y antigua en general dirijan a las grandes orquestas sinfónicas en estos repertorios, consiguiendo de estas magníficas interpretaciones atendiendo a los principios irrenunciables hoy día sobre los modos de interpretación barroca, y que en los últimos treinta años han sido objeto de debate por parte de los especialistas en la materia. Esta adaptación de las orquestas que todavía está en proceso está provocando un satisfactorio aumento y variedad de las obras en los programas de abono.

El siguiente enlace corresponde a la interpretación con instrumentos originales de "Música Antiqua Köln" dirigida por Reinhard Goebel en el sello Archiv, una de las mejores versiones de estas piezas.

Bach: Conciertos de Brandemburgo

jueves, 8 de septiembre de 2011

Audición: Últimas sinfonías de Mozart

Esta recomendación, como la mayoría de las que aparecen y aparecerán en este blog, es para aquellas personas que sienten la curiosidad por escuchar música clásica, pero no saben por donde empezar.

Sugiero que se comience por el clasicismo. Las cuatro últimas sinfonías de Mozart podrían ser un buen comienzo. Las sinfonías números 38, 39, 40, y 41. Son auténticas obras maestras. Encierran los grandes contrastes de la música de este compositor, todos en la misma proporción. Claridad y profundidad, lirismo y dramatismo, sencillez y complejidad, parece contradictorio, pero no lo es, depende de hasta donde estemos dispuestos a escuchar, por lo que satisface desde el principio, pero uno nunca se cansa de escuchar esta música, pues según vamos profundizando en ella acertamos a percibir más cosas y a disfrutar más.

Sinfonía nº 38 K.504 "Praga"


Sinfonía nº 39 K.543


Sinfonía nº 40 K.550


Sinfonía nº 41 K.551 "Júpiter"


La grabación es de la Orquesta del Concertgebow de Amsterdam, dirigida por Josef Krips, en una de las mejores versiones que se pueden escuchar de estas piezas.

martes, 30 de agosto de 2011

Audición: Concierto para violonchelo opus 104 de Antonin Dvorak

La obra fue compuesta por el compositor checo durante su estancia en America, es decir, durante uno de sus periodos más fructíferos. Fue estrenada en 1896, en el ocaso del periodo romántico. Es una de las obras más importantes de Dvorak, en la que se funden el aliento romántico, bellas melodías y la nostalgia por su tierra natal con unos momentos verdaderamente sublimes. Desde un gran virtuosismo a la mayor introspección. Los tres movientos son excepcionales, pero destacaría por su belleza el segundo. Recomiendo la versión de La Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Barbirolli, y con la excepcional Jaquelin Du Pré al violonchelo. Es una versión antológica, de gran belleza y con unos interpretes en estado de gracia.

  Dvorak: Concierto para violonchelo opus 104