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domingo, 27 de octubre de 2013

Gustav Mahler y su cuarta sinfonía


Gustav Mahler, nacido en Kaliště, actualmente perteneciente a La República Checa en 1860 y muerto en Viena en 1911, es uno de los compositores más interpretados y grabados en la actualidad, el interés por este autor es creciente, cualquier orquesta sinfónica que desee contrastar su calidad expondrá a Mahler como uno de sus compositores de referencia. El interés del público ha ido en aumento desde los años 60, cuando se produce un auténtico boom de su música, prueba de ello es que se cuenta con más de dos mil discos dedicados a este autor, y esto a pesar del escaso número de obras que compuso debido a que su principal dedicación era  la dirección de orquesta y sólo dedicaba los veranos a la composición.   
La pregunta que cabe hacerse es, como en el título del último libro de Norman Lebrecht, “¿Por qué Mahler?”.

La respuesta podría estar en que no hay música que haya conectado mejor con lo que son las inquietudes del ser humano, durante los siglos XX y XXI, como lo hace la del autor bohemio. Sus sinfonías expresan como ningunas otras, la multiplicidad de la conciencia y emociones humanas, sus preocupaciones, sus anhelos, sus paranoias tal y como Mahler las vivió y las plasmó en sus obras. Mahler refleja lo más profundo de su alma en sus pentagramas, su sinceridad artística es impresionante. Si se quiere conocer lo que pensó y sintió Mahler hay que escuchar su música, su biografía más auténtica. El decía que su tiempo llegará, debido a que en su época era incomprendido por la mayoría, y acertó de lleno, estamos en el auténtico tiempo Mahler.

Mahler decía que una sinfonía debía contener el mundo entero y por tanto todas sus posibilidades, todo su desorden y toda su multiplicidad, así sus obras son cambiantes, complejas, extremas, pero de una humanidad intensa.

Mahler es un compositor del siglo XX, por la influencia que tuvo en compositores de esa centuria, es decir, expresa inquietudes de este siglo, pero utilizando el lenguaje musical del siglo XIX, por esto su música no suena a música de vanguardia, sino a una música asequible y tonal, pero consiguiendo adentrarse en el subsuelo de la mente humana, aunque sin utilizar lo que poco después fue de uso común, la atonalidad.

La cuarta sinfonía es su obra menos oscura y la más popular. Fue estrenada en Munich en 1901 y terminada de componer en el verano de 1900. El origen de la sinfonía en realidad es el final de la misma, el cuarto movimiento, que incluye la voz de soprano en la descripción de “la vida celestial”. Esta canción fue compuesta por Mahler en 1892, e incluso interpretada en varias ocasiones. Es la visión del paraíso inspirada en las canciones infantiles de las épocas de penurias, en las que se imagina un mundo celestial lleno de comida y golosinas. Aunque Mahler era judío, la idea cristiana de la vida después de la muerte era muy cercana para él y está en varias sinfonías, como la número 2, con el sobrenombre de “sinfonía Resurrección”.
Según François Renè Tranchefort, “La cuarta sinfonía asocia la gracia de la expresión pastoral al vigor incisivo y a una cierta ambigüedad de sentimientos….. Su idea es la infancia, bajo su aspecto más ingenuo y singularmente perspicaz; y su progresión, la entrada en el Paraíso, entrevisto en cada uno de los tres primeros movimientos y cantado en el último de una manera muy concreta primero, con los pies en la tierra, para terminar teñido de beatitud.”
Mahler , fue el segundo de catorce hermanos, de los que murieron siete siendo niños, por lo que su relación con la infancia y con la muerte fue muy fuerte desde pequeño.
 La idea de Mahler era incluir la canción para orquesta ”la vida celestial”, muy querida para él, como final de la tercera sinfonía, pero tuvo que desechar esta idea por varias razones, entre ellas la excesiva duración que alcanzaría esta sinfonía, que sin este movimiento ya llegaba a los 100 minutos. Por lo que decidió que su siguiente sinfonía, la cuarta, tuviese como último movimiento este lieder para orquesta componiendo los otros tres movimientos en consonancia con el final ya establecido desde el principio. La obra es bastante clásica en su forma, los cuatro movimientos son:
  • Bedächtig, nicht eilen (Prudente, no acelerado)
  • In gemächlicher Bewegung, ohne Hast (Cómodamente impulsivo, sin prisa.)
  • Ruhevoll, poco adagio (Tranquilo, poco adagio)
  • Sehr behaglich (Muy cómodo)

Su duración es de aproximadamente 50 minutos

Enlaces de interés:

Una muy buena versión de esta obra es la grabación de la Orquesta de la Radio Difusión Bávara, dirigida por Rafael Kubelick en Spotify.

La letra del último movimiento en su versión original en alemán y su traducción al castellano se puede encontrar en Kareol: 





sábado, 3 de diciembre de 2011

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y la quinta de Mahler



Esta noche he asistido al cuarto concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Sevilla, y después de bastante tiempo sin publicar ninguna entrada, he estado muy ocupado últimamente, he sentido un fuerte impulso para dejar constancia en el blog del magnífico concierto que nos ha ofrecido nuestra orquesta dirigida por su titular Pedro Halffter.

 En cartel la sinfonía número 5 de Mahler. Obra compleja, intensa, emotiva y que aglutina tantas cosas como pocas composiciones, una de esas obras que uno estaría escuchando permanentemente, que no cansa y que al contrario cada vez que se escucha parece nueva.

 En primer lugar quiero comentar el lleno absoluto del teatro. Cuando Mahler dijo que su momento llegará, en alusión a lo escasamente comprendida y conocida que fue su música durante su vida, y que confiaba que en el futuro sería mejor valorada, y viendo el teatro lleno a rebosar y con mucho público joven, vemos claramente que su vaticinio se ha cumplido, que su música goza de un esplendido presente, pero lo que es más importante todavía, que suyo también es el futuro.

 Una obra como la presente saca a relucir de la orquesta sus virtudes y sus defectos, poniéndolos claramente encima de la mesa, y francamente, en noches como esta hay que descubrirse ante la enorme calidad de esta agrupación sinfónica, que digamoslo con claridad es una de las mejores de España, y que sería imperdonable, para quien lo hiciese, que fuese sometida  a más recortes. Creo que hoy en día esta orquesta habla fuerte y claro de la importancia que tiene Sevilla desde un punto de vista cultural, siendo por tanto un reclamo para todos cuantos se planteen visitar la ciudad. La labor desempeñada por su director Pedro Halffter es verdaderamente encomiable, el cual ha crecido artísticamente a la par que la orquesta. Su inteligencia a la hora de programar las obras de la temporada, tanto la ópera como  los conciertos de abono, queda clara a la hora de asistir a conciertos como este. No hay más que echar un vistazo a las obras programadas tanto en esta temporada como en las anteriores para darse cuenta de que la exigencia de las obras elegidas, hacen que la orquesta suba varios peldaños en  calidad. Todas las secciones han mejorado en estos años, quedando claro cómo una obra como la quinta de Mahler, le viene como anillo al dedo a esta orquesta. La interpretación no sólo estuvo a una extraordinaria altura en cuanto a calidad orquestal, sino también en lo que se refiere a emoción y profundidad expresiva, tensión y dramatismo. Sólo pondría un pero, un excesivo volumen de los metales que en determinados momentos se comían a una cuerda en estado de gracia.



En definitiva una noche para guardar en el recuerdo de cualquier aficionado a la música y para felicitarnos de lo que significa poder disfrutar de una orquesta como la ROSS, y de un director con las ideas claras y con una gran capacidad de liderazgo.




lunes, 19 de septiembre de 2011

Audición: Sinfonías 1, 2 y 3 de Beethoven

Es difícil seleccionar obras de Beethoven para iniciarse en su música, pues son muchos los géneros, sinfónico, camerístico, piano solo,…  en los que llegó a las cotas más altas de calidad y maestría. Pero partiendo de la base de que ésto sólo es un comienzo, me atrevo a sugerir la audición de las tres primeras sinfonías. ¿Y esto por qué?. ¿Por qué no empezar con las extraordinarias y más conocidas quinta o novena por ejemplo? La razón es bastante simple, por asistir con los oídos más nuevos posibles al descubrimiento de los enormes progresos con respecto a sus antecesores, Mozart y Haydn principalmente, y para percibir el avance dentro de la producción del propio autor. Mientras que en la primera sinfonía Beethoven coge el testigo de su maestro Haydn, adoptando características propias de la música de éste (comienzo lento del primer movimiento, claridad estructural propia del clasicismo,…) evolucionando en la segunda a un lenguaje más personal aunque con un adagio también en el comienzo al igual que las últimas sinfonías de Haydn, y rompiendo absolutamente con todo en la tercera dando lugar a una de las obras más descomunales y rupturistas de la historia de la música.

En los tiempos que corren y después de lo mucho que se ha oído desde que se compusieron estas obras, es difícil percibir su modernidad, pero escuchando con atención estas obras podemos acercarnos a este ideal de novedad.
Beethoven es el compositor en el que se dan la mano el clasicismo en sus inicios compositivos con el romanticismo más personal en la última etapa de su vida, siendo uno de esos músicos con los que uno se involucra tanto que siempre sorprende y fascina a partes iguales.

Las grabaciones de estas obras son innumerables. Han sido llevadas al disco por una enorme cantidad de directores y orquestas por lo que seleccionar entre tanto y tan bueno es difícil. De todas formas, la versión que propongo fue una de las primeras que escuché allá por los 90 y todavía me sigue gustando y mucho. Es de la orquesta de Cámara de Europa dirigida por Nikolaus Harnoncourt grabada entre 1990 y 1991. Utiliza una orquesta moderna pero atendiendo al estilo historicísta, es decir, un número de músicos no muy grande consiguiendo una transparencia en el tejido musical muy apreciable, además son utilizados metales y percusión de época por lo que se obtienen unas sonoridades incisivas, cortantes y de una expresividad muy especial.

Beethoven: Sinfonía nº 3. Harnoncourt

jueves, 8 de septiembre de 2011

Audición: Últimas sinfonías de Mozart

Esta recomendación, como la mayoría de las que aparecen y aparecerán en este blog, es para aquellas personas que sienten la curiosidad por escuchar música clásica, pero no saben por donde empezar.

Sugiero que se comience por el clasicismo. Las cuatro últimas sinfonías de Mozart podrían ser un buen comienzo. Las sinfonías números 38, 39, 40, y 41. Son auténticas obras maestras. Encierran los grandes contrastes de la música de este compositor, todos en la misma proporción. Claridad y profundidad, lirismo y dramatismo, sencillez y complejidad, parece contradictorio, pero no lo es, depende de hasta donde estemos dispuestos a escuchar, por lo que satisface desde el principio, pero uno nunca se cansa de escuchar esta música, pues según vamos profundizando en ella acertamos a percibir más cosas y a disfrutar más.

Sinfonía nº 38 K.504 "Praga"


Sinfonía nº 39 K.543


Sinfonía nº 40 K.550


Sinfonía nº 41 K.551 "Júpiter"


La grabación es de la Orquesta del Concertgebow de Amsterdam, dirigida por Josef Krips, en una de las mejores versiones que se pueden escuchar de estas piezas.