sábado, 29 de octubre de 2011

La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky (1882-1971). Parte II



Lo que Stravinsky quiere transmitir con su nueva obra necesita de una música también nueva, conceptual y estructuralmente, distinta a lo hecho hasta el momento.
La música utilizada en la consagración descarta muchos conceptos del pasado, por ejemplo, su música elimina la melodía como elemento esencial, estableciendo a lo largo de su discurso sonoro un tejido entrecortado de fragmentos melódicos que no llegan a desarrollarse, que se combinan con otros que suceden simultáneamente en el tiempo, formando una textura transparente e inconexa a la vez, y aportando toda la tensión e inquietud que Stravinski quiere aportar, como si quisiera expresar una etapa pre-racional de la historia de la humanidad.

Otro elemento destacado en su escritura musical es el uso de polirritmias (utilización simultánea de dos o más ritmos que no se perciben fácilmente como derivados uno de otro), es decir, la utilización simultánea por parte de distintas secciones de la orquesta de ritmos distintos que potencian la sensación de incertidumbre, asemejándose bastante con la disposición de los distintos sonidos de la naturaleza no controlados por el hombre.



Otro elemento de uso importante es el ostinato (diseño musical breve que se repite constantemente a lo largo de una interpretación o composición o de una sección de esta), con el que potencia la sensación de intranquilidad y miedo a lo desconocido.

Como elemento también destacable en esta música extraordinaria, el resurgir de la orquesta en el uso de timbres puros e individuales, dando una visión renovada de la textura musical, en contraposición a la mezcla, condensación y alquimia sonora propia del romanticismo, más interesado en expresar la bruma, la noche y lo oscuro que de mostrar lo luminoso y diáfano. Esta mezcla de timbres, en muchas composiciones del siglo XIX hace a veces irreconocibles los sonidos de los distintos instrumentos de la orquesta. En música se puede hablar a veces más fácilmente, o al menos más gráficamente estableciendo un símil con la pintura: Es como si pasáramos del uso de la mezcla de colores, al uso de colores puros, intensos, provocadores, excitantes, dramáticos, que nos conectan con lo más visceral y primitivo de nuestro ser, algo así ocurre en la consagración, pero desde un punto de vista musical.

Es una música creada para sentirla, no con la emoción romántica, sino con la emoción primitiva de lo no evolucionado, lejos del mundo civilizado que conocemos.

Todos los temas musicales utilizados son diferentes en cada parte, añadiendo un plus de originalidad a la partitura, ya que no hay ideas a las que se les da cuerpo a través de su desarrollo sino elementos musicales que nacen y mueren en poco tiempo.

Con esta música se asiste a un ritual intenso y brutal de comunicación con la naturaleza, donde la pulsión febril de nuestra existencia es liberada, produciendo la revitalización de todo, como la misma primavera que cíclicamente llega para hacer resurgir la vida y llenar el mundo de color y energías renovadas.

Stravinski, después de crear esta música cambió su estilo, no siguió por la misma senda, buscó caminos nuevos, pensó que éste estaba ya agotado o que no se podía llegar más lejos por aquí. El estilo de la consagración se disipa en Stravinsky en poco tiempo, aunque influyó en otros autores posteriores.

No es recomendable seguir la obra intentando ver representada en esta de forma concreta las distintas partes del argumento del ballet, sino dejándose llevar. De hecho el propio Stravinski explica esto diciendo: “La música es incapaz de expresar nada en concreto: un sentimiento, una actitud, un estado psicológico, un fenómeno de la naturaleza, etc. La expresión no ha sido nunca propiedad inmanente de la música. La razón de ser de la primera no está condicionada en absoluto por la segunda. Si, como siempre es el caso, la música parece que expresa algo, eso no es más que una ilusión, nunca una realidad”. Esta es una visión contrapuesta a la romántica

La orquesta puede asemejarse a la paleta de colores de un pintor. Cada instrumento tiene su propio color, timbre o sonoridad característica, con lo que se obtienen muchísimas posibilidades en su utilización. El pintor pinta sobre un lienzo, la orquesta en el aire, y la música que esta produce transcurre en el tiempo. La música en realidad es tiempo, nace y muere como la vida misma, no se mantiene, desaparece después de habernos hecho vivir distintas emociones, con lo que desde ese momento existe en nosotros mismos, en el recuerdo de la emoción que nos produjo, siendo así sus legítimos destinatarios.






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