domingo, 29 de enero de 2012

2. Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (17-02-2012): Mozart y Tchaikovsky

Programa:
Sinfonía nº 27 en sol mayor K.199
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Variaciones sobre un tema Rococó
Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893)

Pulcinella (Ballet)
Igor Stravinski (1882-1971)

Josep Pons Director
Daniel Müller-Schott Violonchelo
Marina Rodríguez- Cusí Mezzosoprano
Francisco Vas Tenor
José Antonio López Barítono

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Teatro de la Maestranza, viernes 17 de febrero de 2012



Normalmente, un concierto reune una serie de obras con las que se pretende profundizar en una determinada idea. Esta selección suele guardar una lógica interna, que cuando es conocida por el oyente, puede no sólo escuchar las obras como objetos independientes, sino también reflexionar sobre el mundo nuevo de interrelaciones que se abre ante si. El programador de los conciertos, de esta forma, aporta su propia visión, sugiriendo un nuevo contexto en el que escuchar las obras.

Algo así ocurre en este concierto, que a mi modo de ver, establece como tema principal la mirada al pasado. Todas las obras programadas tienen en común el cómo hacer música en su presente, inspirándose en tiempos anteriores, como si se quisiera dejar de lado un presente que no gusta demasiado o del que se necesita salir por diferentes motivos.

W. A. Mozart

El hilo conductor que une las tres obras de este concierto es el clasicismo, y la visión que sobre el mismo se tiene desde tres siglos diferentes. Por este motivo la orquesta estará constituida por un número reducido de instrumentistas,  tal y como ocurría en la segunda mitad del siglo XVIII.  La primera obra, la sinfonía número 27 es del siglo XVIII, de 1773 para ser exactos y es compuesta por Mozart con 17 años. Pertenece a lo que se ha dado en llamar clasicismo musical, que es un periodo comprendido entre 1765 y el primer cuarto del siglo XIX. Aquí tenemos la primera mirada al pasado, la época clásica de nuestra cultura, al mundo griego. En música surge como contraposición a las complejidades armónicas y rítmicas del barroco, el periodo artístico anterior, por un cambio del gusto por parte de la aristocracia, la gran consumidora de música de la época, y por la incorporación de una nueva clase social al disfrute de la música, la burguesía.

El término clasicismo  se refiere a las características que se perciben de la tradición greco-romana, como serenidad, equilibrio, proporción, sencillez, disciplina y artesanía formales y una expresión universal y objetiva, en vez de particular y subjetiva

Esta primera obra del programa, de aparente intrascendencia, sitúa perfectamente la temática del concierto. En su comienzo, ligero y gustoso de escuchar, aparecen algunas pinceladas oscuras, difíciles de percibir si no se presta suficiente atención, que son más intensas en el bellísimo segundo movimiento y que nos llevan a un más elaborado tercer movimiento, que por momentos, recuerda a algunos sublimes pasajes de sus operas. Mozart es un compositor que incluso en los momentos aparentemente más alegres nos sorprende con alguna mirada triste y expresiva.


  Daniel Müller-Schott 


La segunda obra es las “Variaciones sobre un tema Rococó” de Piotr IIich Tchaikovsky, estrenada en 1877, es decir,  un siglo después. En esta obra queda claro el apego de su autor por el estilo galante del siglo XVIII. Son ocho variaciones sobre un tema clásico, de gran virtuosismo en la parte solista dada por un violonchelo, que se contrapone, a modo de concierto para dicho instrumento, al resto de la orquesta.  Es una mirada al siglo XVIII, pero desde los parámetros de la estética romántica, si bien impregnada de un sentido decorativo que mira al pasado. Estamos ante una recreación moderna del modelo clásico, una anticipación neoclásica en suma.

P. I. Tchaikovsky

Llama la atención la claridad de las texturas de una orquesta de pocos efectivos, teniendo en cuenta que fue compuesta en pleno romanticismo, periodo en el que la escritura orquestal es mucho más densa y el número de músicos que compone la orquesta es significativamente superior.

Tchaikovsky es el compositor ruso más importante del siglo XIX. El atractivo de su música viene de la riqueza inagotable de su melodía y de un brillo orquestal que le aporta un sello bien reconocible. Fue uno de los grandes orquestadores de la historia de la música.

Puedes escuchar las dos primeras obras del programa en estos enlaces:

Mozart, sinfonía nº 27 (Trevor Pinnock)
(Son tres movimientos que debes seleccionar cuando estés dentro de spotify)


Tchaikovsky, variaciones sobre un tema Rococó (Gergiev-Capuçon)
(Son ocho movimientos que debes seleccionar cuando estés dentro de spotify)

En los siguientes enlaces de Youtube se pueden ver algunos vídeos del violonchelista
Daniel MüllerSchott

Variaciones Rococó

Concierto para violonchelo de Dvorak

Doble concierto para violín y violonchelo de Brahms

Trío para violín violonchelo y piano de Mozart

lunes, 16 de enero de 2012

1. Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (17-02-2012): Introducción

Al enfrentarnos a una obra de arte, se  pueden percibir un sin fin de emociones, las que nos aportan la belleza, el drama,  el uso de elementos que nos parecen geniales u otros de los que no somos conscientes. En pintura puede ser el uso del color y de la luz y en música la combinación de timbres o el desarrollo de una melodía. Son sensaciones personales y a veces intransferibles que entrenan a nuestros sentidos, nos enseñan  a percibir las cosas que nos rodean, a ver y escuchar lo que tenemos ante nosotros y que podría pasar desapercibido por su aparente insignificancia, pero que vistos con la suficiente atención hacen de la vida algo maravilloso, es decir, nos ayuda a percatarnos de la realidad sensible que nos rodea.

El mensaje que el autor de la pintura o de la música o de cualquier otra manifestación artística ha querido transmitir, está oculto en el lenguaje que ha utilizado. Pero no hay arte más enigmático en este sentido que la música. El compositor utiliza sonidos para transmitir su mensaje emocional,  indescifrable desde un punto de vista racional, sólo perceptible mediante nuestras emociones. En relación esto, el cineasta ruso Tarkovsky afirmaba lo siguiente con respecto al arte:

“ Lo infinito no es materializable, tan solo se puede crear una ilusión, una imagen. Una idea se puede crear y sentir, aceptar o rechazar pero no se puede comprender en un sentido racional. La idea de lo infinito no se puede expresar con palabras. Ni siquiera se puede describir, pero el arte proporciona esa posibilidad. Hace que lo infinito sea perceptible”. 

 Cuando uno asiste a un concierto debe dejarse llevar, pero con una escucha atenta que preste atención a los detalles, dejando que sean nuestras emociones las que afloren. Todo esto es un magnífico entrenamiento para nuestra sensibilidad, nos ayuda a conocernos mejor y por tanto a conocer también mejor a los demás.  En definitiva nos hace mejores personas y más humanos. Si asistiendo a este concierto consiguiéramos acercarnos un poco a este ideal, habría valido la pena. Nos sentiríamos en una mayor disposición de comprender y de ser más felices.

Cuando se habla de música clásica aparece en no pocas personas un prejuicio inconsciente, como si habláramos de algo aburrido, sin mucha sustancia. Como mucho se habla de ella como música relajante, que se escucha mientras se está leyendo, o haciendo cualquier otra cosa. Quien así piensa, normalmente no se ha parado a escucharla realmente. Posiblemente esto sea un rasgo de nuestra cultura. Somos un país con escasa tradición musical y eso se nota en la apreciación que se tiene de la música.
Para una buena apreciación de la música es conveniente un conocimiento previo sobre el compositor, del entorno social e histórico al que pertenece,  del estilo y sobre su ubicación en la historia de la música. Cuanto más se sabe de una cosa más se disfruta de ella. No puede amarse lo que se desconoce. Es conveniente también escuchar la música atentamente, tomándonos nuestro tiempo, concentrados y sin interferencias que nos descuiden de lo importante en el concierto. ¿Por qué cuando estamos viendo una película no concebimos estar haciendo otra cosa y sin embargo vemos normal escuchar música mientras realizamos otra actividad? Seguramente por no saber que cuando la escuchamos con atención, es el compositor quien nos habla y nos lleva de la mano por su universo personal ayudándonos de esta forma a descubrir también el nuestro.

domingo, 8 de enero de 2012

Hector Berlioz y las Noches de Verano

Hay obras que, por alguna razón, no ocupan para un aficionado a la música un lugar importante, al menos a priori, pero que en un determinado momento, y sin saber muy bien la razón adquieren un gran protagonismo. Esto es lo que me ha ocurrido con “Les nuits d’été” del compositor francés  Hector Berlioz. Me pasaron desapercibidas hasta que pude escuchar la obra en directo, fue hace dos años aproximadamente, estaban incluidas en la temporada de abono de la ROSS. Las descubrí escuchando algunas grabaciones para preparar el concierto y me sorprendieron gratamente por su belleza y lirismo. Después escuché la estupenda versión de la orquesta en vivo con la contra-alto Nathalie Stutzmann, para mi gusto una voz demasiado grave y oscura para el papel. Pero reconozco que no ha sido hasta ahora mismo cuando he reconocido el enorme valor de esta obra al escuchar, repetidas veces, la reciente grabación de la mezzosoprano Anne Sophie Von Otter y la Orquesta de los Músicos del Louvre, dirigidos por Mark Minkowsky.




(Hector Berlioz)

Hector Berlioz es un compositor que no ha tenido el reconocimiento y la valoración que merece en un amplio sector del público, y del que se recuerda sobre todo su Sinfonía Fantástica como obra destacada y de incorporación frecuente a las programaciones de la orquestas actuales. Sin embargo son muchas las obras que merecerían destacarse de su producción. Nació en 1803 y murió en 1869 por lo que vivió dentro del periodo romántico del siglo XIX. Su creación artística estuvo marcada por dos factores fundamentales, el conocimiento de la obra de dos genios,  William Shakespeare y Ludwig Van Beethoven. De hecho, sus sinfonías  incorporan la voz humana al igual que la 9ª de Beethoven y prácticamente toda su producción tiene influencias del genial dramaturgo inglés. Otra característica importante de su obra es el programa o argumento inherente a sus obras, aunque estas sean de carácter intrumental. Baste recordar que en el estreno de su Sinfonía Fantástica los asistentes recibían una octavilla con las explicaciones correspondientes al argumento de la obra, aunque ésta era de carácter instrumental. Otro aspecto importante es el uso de la instrumentación y orquestación como elementos consustanciales a la obra y no como meros elementos de relleno o de decoración. También es importante el uso de la idea fija, recurrente dentro de sus obras y que destaca de forma importante el aspecto psicológico de sus composiciones y que sería el germen de lo que más tarde evolucionaría en la música programática de la mano de Liszt, Wagner o Richard Strauss.

Berlioz no es considerado por muchos como un músico de primera fila, quizás por poseer una obra inclasificable y original que da comienzo a un estilo nuevo lleno de sugerencias literarias y por tanto alejado del modelo clásico,  y por ser un revolucionario en sus múltiples concepciones artísticas,  que incluso en la actualidad sigue provocando cierto desconcierto. Sin embargo es un autor que tiene importantes defensores como el director inglés, Sir Colin Davis que tiene grabada prácticamente toda su obra. Su catálogo creativo es muy amplio, por ejemplo la Sinfonía Romeo y Julieta, la Sinfonía sobre un tema Fúnebre y Triunfal, el Réquiem, la excepcional Sinfonía Fantástica, el oratorio La Infancia de Cristo, sus óperas entre las que destaca Los Troyanos y otras muchas composiciones que no hacen sino afianzar su categoría artística. Pero en esta entrada quisiera destacar una bellísima obra que muchas veces pasa desapercibida “Les nuits d’ètè “. Es una colección de 6 canciones sobre poemas de Theophile Gautier que dan unidad a la obra por la temática común de los textos en los que el amor es el protagonista. Las canciones extremas son más extrovertidas mientras que las cuatro centrales tienen un sentido más melancólico y desesperado. Es imprescindible leer los poemas mientras se escucha la música en una versión bilingüe, como la que se puede ver en este (enlace), para percibir la obra plenamente. Es una obra bellísima que por momentos recuerda a las mejores arias de opera.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lars Vogt y La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla interpretan un Brahms primoroso

Uno de los atractivos de asistir a un concierto es descubrir música nueva que no has escuchado antes, y que esta te sorprenda y que a partir de ese momento indagues un poco y descubras un nuevo mundo potencial de disfrute personal.
En otras ocasiones, cuando el programa que se interpreta es conocido, se ha escuchado muchas veces, e incluso se conocen distintas versiones de las obras, lo que se espera encontrar en el concierto es la realidad de la obra, su dimensión última, la conexión de los intérpretes con el público, detalles no percibidos en las grabaciones y vivir una emoción pura que conduzca a una sensación de felicidad difícil de expresar con palabras y que no se consigue de ninguna otra forma.
Es cierto que esto no se consigue siempre, que la mayoría de las veces las sensaciones son parecidas a lo expresado anteriormente aunque en menor medida de lo deseable, pero a veces el milagro ocurre y uno agradece la suerte de haber vivido esos momentos. Esto último es lo que ocurrió en el concierto del pasado 8 de diciembre ofrecido por La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en el Teatro de la Maestranza, donde se pudo escuchar entre otras obras (enlace), el concierto para piano número 1 opus 15 de Johannes Brahms, verdadera obra maestra  de este compositor, y que fue interpretada de forma sublime.


Johannes Brahms

Un primer movimiento intenso y dramático, un segundo como de otro mundo, de una belleza y una expresividad fuera de lo común y un tercer movimiento arrebatado y de energía contagiosa. En definitiva un Brahms de verdadera altura que me sorprendió gratamente, pues desde mi punto de vista, superó a cuantos he escuchado en disco, con una orquesta en estado de gracia, un pianista Lars Vogt excepcional si más y un director Michael Schønwandt que entendiá a Brahms como si lo hubiese conocido en persona.
 La orquesta sonó transparente y con un gran sentido del color, del matiz y del contraste dinámico, poniendo de relieve la opulencia orquestal de este compositor, pero a la vez sacando a relucir los diferentes planos de la textura musical de una manera prodigiosa, aunque por encima de todo lo más destacado fue la enorme trascendencia con que fue interpretada esta música, desde los momentos más dramáticos a los más delicados y bellos. Con noches como esta, cuando se ven asientos vacíos, uno piensa, si saben los sevillanos en general, la joya que esta ciudad alberga, patrimonio de una ciudad que gana enteros con una institución como esta, que ha costado tantos años de trabajo ponerla a este nivel con el apoyo de todos, y que hay que preservar a toda costa y más en tempestades económicas como la presente que puede arrasarlo todo, pero que debemos mimarla y preservarla a toda costa sino queremos ser nosotros mismos los que naufraguemos.

El concierto para piano número 1 de Brahms fue terminado de componer en 1857, cuando el compositor contaba con 24 años de edad. Tiene una concepción ante todo sinfónica, en la que el piano y la orquesta aparecen más como un todo indivisible que como en el clásico concierto en que instrumento solista y orquesta son enfrentados musicalmente. Es un concierto dramático y de gran intensidad lírica, posiblemente derivada de su experiencia como compositor de canciones.
Se piensa que el emotivo y dramático comienzo de la obra está influído por la muerte de Schumann, auténtico mentor de este concierto. El sublime segundo movimiento parece una antesala de su Requiem, por su elevado carácter, no en vano aparece manuscrito en la partitura lo siguiente: “Benedictus qui venit in nomine  Domini” en homenaje a su admirado maestro Robert Schumann.

En el siguiente enlace se puede escuchar una de las mejores versiones recientes de la obra, interpretada por Nelson Freire al piano y Ricardo Chailly en la dirección de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig.



martes, 6 de diciembre de 2011

Naturaleza y Arte

Luz, aire, agua, mar, árbol, la sola enunciación de estas palabras sugiere muchas cosas. Hay ideas en ellas, conceptos, elementos inabarcables y desconocidos. La experiencia que supone un paseo por la playa o la montaña, por lugares de naturaleza plena, es extraordinaria si tenemos los cinco sentidos despiertos. Hay más cosas que nos envuelven que los puros conceptos que expresan las palabras, hay sensaciones difíciles de traducir mediante algún lenguaje conocido, posiblemente este es el objetivo del arte y manifestaciones del mismo como pintura, escultura o música. Las palabras en si son abstracciones y simplificaciones de la realidad, cuando se juega con ellas para trascender su significado entramos en una nueva dimensión de conocimiento, el que nos proporciona la literatura y la poesía, es decir, el universo artístico. El arte es la búsqueda de la utopía, aquella expresión máxima de conocimiento absoluto, en la que a través de la belleza nos acercamos a este ideal de plenitud, allí donde surgen las ideas del mundo, donde la búsqueda de lo infinito a través de lo finito, aunque una quimera, se convierte en un itinerario vital.

La experiencia estética que supone observar el mundo a través del arte es una de las sensaciones más maravillosas que se pueden vivir. Sugiero dar un paseo por el campo escuchando, por ejemplo, las variaciones Goldberg de J. S. Bach en el mp3, la experiencia es realmente extraordinaria, percibir una brizna de hierba escuchando el comienzo de esta obra, da sentido al milagro que supone la vida. Esto recuerda a las sensaciones que se perciben con las películas de Terrence Malick, por ejemplo en la penúltima “El nuevo mundo”, donde la observación de la naturaleza mientras suena el preludio de “El oro del Rin” de Richard Wagner, o el maravilloso segundo movimiento del concierto número 23 de Mozart, o en multitud de instantes de su última y enigmática película “el árbol de la vida”, aporta estas experiencias trascendentes que desconciertan por la inquietud que suponen la vivencia emocional de los misterios del mundo.

Cuando las variaciones Goldberg comienzan, da la sensación de que el tiempo se ha detenido, de que todo cuanto te rodea está sujeto a unas normas diferentes a lo habitual, pero de pronto surge el segundo movimiento y es la vida en plenitud lo que surge al instante, casi se siente el crecimiento de las hojas de los árboles y cuando digo esto me refiero a todas ellas, como en una sinfonía de vida y plenitud que no se detiene ante nada. En algunas de las variaciones más rápidas me vienen a la cabeza la variedad de formas de la naturaleza, sus recovecos y la luz que los traspasa en un mosaico de formas y colores. Las variaciones más lentas y reflexivas nos llevan a una mayor contemplación de cuanto nos rodea, provocan una emoción contenida.


La mejor versión de todas cuantas he escuchado, desde mi punto de vista, es la de Glenn Gould  grabada en 1981, es una versión mucho más reflexiva que su anterior grabación de 1955, todo un volcán de vitalidad y energía rompedora y toda una declaración de intenciones del interprete, sin embargo la última que grabó nos llena de luz del atardecer, con todos sus contrastes y claroscuros. Las dos son imprescindibles.

 

Todas las variaciones de la obra son excepcionales, pero destacaría el aria con que da comienzo y la variación 26, sin olvidar el cierre de la obra que es una especie de vuelta a empezar, pero sin que nada sea ya lo mismo, en un movimiento cíclico que hace aún más verosimil su acercamiento a los ciclos de la vida. La potencia expresiva de esta obra se realza en estas versiones pianisticas, la versión original fue compuesta para clave, mediante una variedad de matices casi infinita. Su profundidad expresiva y su nivel de abstracción son abrumadores. Como toda buena obra se disfruta cada vez más con el paso del tiempo.

Versión de 1981

Versión de 1955:
J. S. Bach: Variaciones Goldberg BWV 988. Glenn Gould

sábado, 3 de diciembre de 2011

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y la quinta de Mahler



Esta noche he asistido al cuarto concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Sevilla, y después de bastante tiempo sin publicar ninguna entrada, he estado muy ocupado últimamente, he sentido un fuerte impulso para dejar constancia en el blog del magnífico concierto que nos ha ofrecido nuestra orquesta dirigida por su titular Pedro Halffter.

 En cartel la sinfonía número 5 de Mahler. Obra compleja, intensa, emotiva y que aglutina tantas cosas como pocas composiciones, una de esas obras que uno estaría escuchando permanentemente, que no cansa y que al contrario cada vez que se escucha parece nueva.

 En primer lugar quiero comentar el lleno absoluto del teatro. Cuando Mahler dijo que su momento llegará, en alusión a lo escasamente comprendida y conocida que fue su música durante su vida, y que confiaba que en el futuro sería mejor valorada, y viendo el teatro lleno a rebosar y con mucho público joven, vemos claramente que su vaticinio se ha cumplido, que su música goza de un esplendido presente, pero lo que es más importante todavía, que suyo también es el futuro.

 Una obra como la presente saca a relucir de la orquesta sus virtudes y sus defectos, poniéndolos claramente encima de la mesa, y francamente, en noches como esta hay que descubrirse ante la enorme calidad de esta agrupación sinfónica, que digamoslo con claridad es una de las mejores de España, y que sería imperdonable, para quien lo hiciese, que fuese sometida  a más recortes. Creo que hoy en día esta orquesta habla fuerte y claro de la importancia que tiene Sevilla desde un punto de vista cultural, siendo por tanto un reclamo para todos cuantos se planteen visitar la ciudad. La labor desempeñada por su director Pedro Halffter es verdaderamente encomiable, el cual ha crecido artísticamente a la par que la orquesta. Su inteligencia a la hora de programar las obras de la temporada, tanto la ópera como  los conciertos de abono, queda clara a la hora de asistir a conciertos como este. No hay más que echar un vistazo a las obras programadas tanto en esta temporada como en las anteriores para darse cuenta de que la exigencia de las obras elegidas, hacen que la orquesta suba varios peldaños en  calidad. Todas las secciones han mejorado en estos años, quedando claro cómo una obra como la quinta de Mahler, le viene como anillo al dedo a esta orquesta. La interpretación no sólo estuvo a una extraordinaria altura en cuanto a calidad orquestal, sino también en lo que se refiere a emoción y profundidad expresiva, tensión y dramatismo. Sólo pondría un pero, un excesivo volumen de los metales que en determinados momentos se comían a una cuerda en estado de gracia.



En definitiva una noche para guardar en el recuerdo de cualquier aficionado a la música y para felicitarnos de lo que significa poder disfrutar de una orquesta como la ROSS, y de un director con las ideas claras y con una gran capacidad de liderazgo.




domingo, 6 de noviembre de 2011

Pablo Heras-Casado y La Filarmónica de Berlín

Los pasados 20, 21 y 22 de octubre el director granadino, Pablo Heras-Casado dirigió a la Orquesta Filarmónica de Berlín en su sede, la mítica sala "Philharmonie" de Berlín, en conciertos pertenecientes a la temporada oficial de esta orquesta y que fue retransmitido el del dia 22 por internet a través del Digital Concert Hall. El éxito fue apoteósico, el joven de 33 años encandiló a un público acostumbrado a escuchar lo mejor de lo mejor y que  supo reconocer su talento. El programa estuvo formado por dos obras de Mendelsshon que abrieron y cerraron el concierto, Las Hébridas y la Sinfonía nº 3 “escocesa” respectivamente, una de Szymanowski, la "Sinfonía Concertante nº 4" y una de Luciano Berio "Quatre Dédicaces".



Dirigió con gran personalidad y supo sacar de esta maravillosa orquesta una interpretación excepcional. El cuidado de los matices, de las transiciones y de los contrastes dinámicos me resultó sorprendente para alguien de su edad, nada de grandes volúmenes sonoros sin más. La propia elección del programa nos dice que ese no es su camino, nada de buscar un sonido espectacular y de cara a la galería, persigue más bien esa esencia que posee la música y que si ésta se fuerza desaparece sin más, dejando una interpretación con todo el bello e impactante sonido que se quiera, pero sin alma, o lo que es lo mismo sin esa trascendencia inherente a la música.

Cuando estos detalles se cuidan, la música nos dice muchas cosas, aspectos que no se pueden expresar con palabras, que trascienden, que emocionan, que nos llevan a un lugar fuera de lo común aunque sólo dure un instante, de todo esto hubo mucho en este concierto.
La obra de Berio, una composición del siglo XX, estuvo en esta línea, con una interpretación descarnada y bella, al igual que la sinfonía nº 4 de Szimanowsky estrenada el 9 de octubre de 1932, en que belleza, misterio, drama, y un refinado impresionismo fueron sacados a la luz por una orquesta de ensueño y por un director que entiende muy bien esta música y sabe sacar todo esto de ella. El piano de  Marc-André Amelin estuvo a la altura de las circunstancias, intenso y profundo.

Las dos obras de Mendelsshon estuvieron dirigidas con maestría y con todas las cualidades expresadas más arriba, dio mucha atención al detalle y cuidó muchos las transiciones y los matices, puso de manifiesto en definitiva la grandeza y profundidad de esta música.

En conclusión un esplendido éxito que el público de Berlín supo ver y que reconoció solicitando al director que saliese a saludar, incluso después de que la orquesta hubiese abandonado el escenario.



Mendelssohn: Sinfonía nº 3 "escocesa"

Mendelssohn: Las Hébridas

Szymanowski: Sinfonía nº 4

Más información sobre el concierto en el siguiente (enlace)
Más información sobre el Digital Concert Hall en el siguiente (enlace)

sábado, 29 de octubre de 2011

La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky (1882-1971). Parte II



Lo que Stravinsky quiere transmitir con su nueva obra necesita de una música también nueva, conceptual y estructuralmente, distinta a lo hecho hasta el momento.
La música utilizada en la consagración descarta muchos conceptos del pasado, por ejemplo, su música elimina la melodía como elemento esencial, estableciendo a lo largo de su discurso sonoro un tejido entrecortado de fragmentos melódicos que no llegan a desarrollarse, que se combinan con otros que suceden simultáneamente en el tiempo, formando una textura transparente e inconexa a la vez, y aportando toda la tensión e inquietud que Stravinski quiere aportar, como si quisiera expresar una etapa pre-racional de la historia de la humanidad.

Otro elemento destacado en su escritura musical es el uso de polirritmias (utilización simultánea de dos o más ritmos que no se perciben fácilmente como derivados uno de otro), es decir, la utilización simultánea por parte de distintas secciones de la orquesta de ritmos distintos que potencian la sensación de incertidumbre, asemejándose bastante con la disposición de los distintos sonidos de la naturaleza no controlados por el hombre.



Otro elemento de uso importante es el ostinato (diseño musical breve que se repite constantemente a lo largo de una interpretación o composición o de una sección de esta), con el que potencia la sensación de intranquilidad y miedo a lo desconocido.

Como elemento también destacable en esta música extraordinaria, el resurgir de la orquesta en el uso de timbres puros e individuales, dando una visión renovada de la textura musical, en contraposición a la mezcla, condensación y alquimia sonora propia del romanticismo, más interesado en expresar la bruma, la noche y lo oscuro que de mostrar lo luminoso y diáfano. Esta mezcla de timbres, en muchas composiciones del siglo XIX hace a veces irreconocibles los sonidos de los distintos instrumentos de la orquesta. En música se puede hablar a veces más fácilmente, o al menos más gráficamente estableciendo un símil con la pintura: Es como si pasáramos del uso de la mezcla de colores, al uso de colores puros, intensos, provocadores, excitantes, dramáticos, que nos conectan con lo más visceral y primitivo de nuestro ser, algo así ocurre en la consagración, pero desde un punto de vista musical.

Es una música creada para sentirla, no con la emoción romántica, sino con la emoción primitiva de lo no evolucionado, lejos del mundo civilizado que conocemos.

Todos los temas musicales utilizados son diferentes en cada parte, añadiendo un plus de originalidad a la partitura, ya que no hay ideas a las que se les da cuerpo a través de su desarrollo sino elementos musicales que nacen y mueren en poco tiempo.

Con esta música se asiste a un ritual intenso y brutal de comunicación con la naturaleza, donde la pulsión febril de nuestra existencia es liberada, produciendo la revitalización de todo, como la misma primavera que cíclicamente llega para hacer resurgir la vida y llenar el mundo de color y energías renovadas.

Stravinski, después de crear esta música cambió su estilo, no siguió por la misma senda, buscó caminos nuevos, pensó que éste estaba ya agotado o que no se podía llegar más lejos por aquí. El estilo de la consagración se disipa en Stravinsky en poco tiempo, aunque influyó en otros autores posteriores.

No es recomendable seguir la obra intentando ver representada en esta de forma concreta las distintas partes del argumento del ballet, sino dejándose llevar. De hecho el propio Stravinski explica esto diciendo: “La música es incapaz de expresar nada en concreto: un sentimiento, una actitud, un estado psicológico, un fenómeno de la naturaleza, etc. La expresión no ha sido nunca propiedad inmanente de la música. La razón de ser de la primera no está condicionada en absoluto por la segunda. Si, como siempre es el caso, la música parece que expresa algo, eso no es más que una ilusión, nunca una realidad”. Esta es una visión contrapuesta a la romántica

La orquesta puede asemejarse a la paleta de colores de un pintor. Cada instrumento tiene su propio color, timbre o sonoridad característica, con lo que se obtienen muchísimas posibilidades en su utilización. El pintor pinta sobre un lienzo, la orquesta en el aire, y la música que esta produce transcurre en el tiempo. La música en realidad es tiempo, nace y muere como la vida misma, no se mantiene, desaparece después de habernos hecho vivir distintas emociones, con lo que desde ese momento existe en nosotros mismos, en el recuerdo de la emoción que nos produjo, siendo así sus legítimos destinatarios.






martes, 25 de octubre de 2011

La consagración de la primavera de Igor Stravinsky (1882-1971). Parte I

Hay pocas obras que hayan significado tanto en la historia de la música clásica como La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky. Se habla de que existen dos obras fundamentales en la historia de la música, que significan un antes y un después. Una es la tercera sinfonía de Beethoven, que cierra el mundo del clasicismo, y abre el mundo nuevo del romanticismo en lo que a música se refiere, y la otra es la obra que nos ocupa, que produce un punto de inflexión en muchos conceptos existentes en el arte musical, hasta la fecha.



Se puede decir que inicia la andadura de la música moderna en el siglo XX, superando las grandes obras del romanticismo tardío. Está compuesta en una época convulsa de Europa, de caída y crisis de un imperio y de una forma de vida de una determinada parte de la sociedad que desembocaría poco después en la primera guerra mundial. La consagración está impregnada de esa crisis, lo que hace que su estilo sea tan brutal, contundente, rompedor,…. con todo lo creado hasta la fecha.

La obra fue estrenada en París en 1913, poco antes de la primera gran guerra, lo que pone de manifiesto el ambiente que se respiraba en esa época. Algunos han creído ver en esta obra un anticipo de lo que vendrá después, como ha ocurrido con las demás artes. La tragedia se respiraba en el ambiente y el artista la capta con su extrema agudeza y sensibilidad.

El París donde se estrena la obra, es el París de las vanguardias, un público ávido de novedades y que sin embargo montó un escándalo en el estreno, que sin lugar a dudas dio fama a su autor, y en concreto a esta obra.

La música surge como un encargo del empresario Serguei Diaghilev, director de los ballets rusos. Hombre con gran olfato para descubrir lo provocador y genial en el arte. Son muchos grandes compositores los que reciben encargos de Diaghilev en el comienzo de sus carreras, como el propio Stravinsky, Debussy, Ravel, Satie, Falla, Prokofiev,…. Grandes compositores de su tiempo, que fueron tentados para componer obras para la escena, y que participaron en uno de los momentos más creativos del siglo XX.



El escándalo, entre otras razones, vino dado porque una parte del público que asistió al estreno estaba acostumbrado a otro tipo de música para ballet, más melódica y menos rupturista, ya que, el espectador asiduo a este tipo de representaciones era, en esa época, más conservador en materia estética.
El argumento del ballet está situado en una época pagana, prehistórica, de una Rusia en la que se suceden los rituales de adoración a los dioses y en la que el sacrificio de una doncella, que debe bailar hasta su muerte, debe servir para obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la primavera. Se muestra así una visión irracional y pre-civilizada del hombre, en relación con la naturaleza y sus fuerzas telúricas, que irrumpen en la primavera rusa después de un largo y duro invierno, como una auténtica eclosión de vida en el imparable ciclo natural. Stravinski decía que la primavera en Rusia era como una explosión.




En la próxima entrada comentaré de forma más precisa la obra. La siguiente versión es una de las mejores de la pieza, corresponde a la Orquesta Sinfónica de Cleveland, dirigida por Pierre Boulez.

La consagración de la primavera, Stravinsky

viernes, 21 de octubre de 2011

Miguel Fleta, un tenor para el recuerdo

Quisiera dejar constancia en esta entrada, de la importancia que tuvo para mi conocer por boca de mi querida abuela Carmen la admiración que sentía su padre, mi bisabuelo Pepe Oliver, hacia el arte del tenor español Miguel Fleta. Me hablaba de los discos que escuchaba y de cómo viajaba de Adra a Almería en los años treinta para escuchar a este tenor. Las dos ciudades están separadas por cincuenta kilómetros, lo cual no es una distancia baladí si tenemos en cuenta que estamos hablando de los años treinta, antes de la guerra civil. Esta información de primera mano me hizo investigar sobre la vida de este tenor completamente desconocido para mi. Y descubrí algunas cosas interesantes y hasta sorprendentes, llegando a ser para mi uno de esos pocos artistas  especiales, que no solamente son admirados por su arte sino también por su humanidad y entrega.


Nació en 1897 en Albalate de Cinca, Huesca y murió en La Coruña en 1938, es decir una vida de poco más de 40 años. De origen humilde, pastor de ovejas en su niñez. Comenzó cantando jotas y fue descubierto por la que posteriormente fue su mujer, la soprano Luisa Pierrick, cuando realizaba una prueba de voz en el conservatorio de Barcelona, donde ella era profesora, quedando cautivada por el timbre de su voz, como ella misma expresó: “enseguida comprendí la importancia de la voz de Miguel [Fleta] y sobre todo su sentimiento”. Ella lo forma y en no mucho tiempo estaba cantando en los mejores teatros del mundo, La Scala de Milán, Volksoper de Viena, Teatro Massimo de Palermo, La Fenice de Venecia y hasta el mismísimo Metropólitan de Nueva York, el éxito es total,  su voz cautiva al público, más que eso, produce entusiasmo por donde quiera que va, es su época dorada, los años veinte. Esa subida tan fulgurante, tantos éxitos, en una naturaleza humilde y generosa como la suya hacía que no tuviera inconveniente en repetir hasta varias veces a petición del público las arias más famosas en las representaciones de ópera, e incluso llegara a cantar en plazas de toros, sobre todo al final de su carrera, sin medios de amplificación sonora, todo un exceso que llegó a pagar caro, pues su voz a finales de los años veinte comienza a declinar provocando un alejamiento de los escenarios importantes del mundo operístico y el periplo por toda la geografía española durante la segunda república, por teatros menores y escenarios excesivamente grandes para la voz humana, lo que empeora aun más su maltrecha voz. Triste historia para un cantante que estrenó en La Scala de Milán a petición del ilustre director Toscanini, la ópera póstuma de Puccini, Turandot en 1926, o que triunfó en el Metropolitan de Nueva York con I Pagliacci, una obra que desde la muerte de Caruso,  ningún cantante quiso ponerla en escena en este teatro, el recuerdo de este ilustre cantante era todavía incuestionable y una pesada carga para cualquiera. Fleta afrontó el reto y triunfó de forma apoteósica.

Como llegó a decir el mismísimo Lauri Volpi después de escucharlo cantar: “Su voz cálida, amplia, oscura, extensa y dúctil era de las que en la historia del teatro lírico se cuentan con los dedos de una mano y se oyen con intervalos de varios lustros. Voz única por cantidad, calidad y emotividad entre las muchas que he tenido la ocasión de admirar hasta hoy en todos los teatros del mundo. Jamás he oído cataclismo semejante en teatro alguno ni he asistido jamás a un triunfo tan emocionante”.

Estos son algunos ejemplos de su arte:

En los dos enlaces siguientes se pueden escuchar dos preciosas perlas de su arte, "E lucevan le stelle"  de la Tosca de Puccini y "La donna e mobile" del Rigoletto verdiano, ambas son grabaciones de los primeros años 20.
En estos otros, tenemos el aria "Vesti la giubba" de I Pagliacci, de Ruggero Leoncallo seguida de "Che gelida manina" de la Boheme de Puccini
Miguel Fleta. Leoncavallo-Pagliacci

Miguel Fleta. Puccini-La Bohème