viernes, 30 de septiembre de 2011

Musica clásica con los ojos brillantes. Benjamín Zander.

Este video no tiene desperdicio, tanto si la música es una prioridad en tu vida como si te acercas a ella de forma tangencial. En definitiva, creo que le va a interesar a todo el mundo. Dura unos 20 minutos y está subtitulado en castellano. Es una charla dirigida a un grupo de personas que han asistido a un congreso, impartida por el director de orquesta Benjamín Zander, que entre otras prestigiosas orquestas ha dirigido a la Filarmónica de Boston desde 1979 y que es mundialmente reconocido por sus interpretaciones de la obra de Gustav Mahler. Destaca también por sus trabajos de difusión y acercamiento de la música clásica a todos los públicos.



martes, 27 de septiembre de 2011

Nabucco en la Ópera de Roma dirigido por Ricardo Muti. El arte y su compromiso.

He recibido un correo muy emocionante con un video de Youtube. Merece la pena compartirlo con todos. Este es un momento realmente crucial para la sociedad europea, en el que se tambalean los cimientos más importantes de nuestra cultura y los artistas en comunión con el público dan un testimonio inesperado y espontáneo.
A continuación reproduzco el mensaje que es conviente leer antes de ver el video:

"El pasado 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentarse a la realidad.
Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi,
dirigida por el maestro Ricardo Muti.
Nabucco evoca el episodio de  la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto "Va pensiero" es el canto del coro de esclavos oprimidos.
En Italia, este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo).
Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura que estaba haciendo el Gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y había sido ministro de
Berlusconi.
Esta intervención del alcalde, en presencia de Berlusconi que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.
Ricardo Muti, director de la orquesta, declaró al "Times":
"La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto "Va pensiero". Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión.
Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente.
Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el "Va Pensiero", el silencio se llenó de verdadero fervor.
Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y tan perdida."
Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba "Viva Italia" y "Viva Verdi". A Muti no le suele gustar hacer un bis en mitad de una representación.
Sólo en una ocasión, en la Scala de Milan, en 1986, había aceptado hacer un bis del "Va pensiero".
"Yo no quería sólo hacer un bis.
Tenía que haber una intención especial para hacerlo" - dijo Muti -.
En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y se oyó que alguien entre el público gritó:
"Larga vida a Italia!".
Muti dijo entonces:
"Sí, estoy de acuerdo: "Larga vida a Italia", pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo.
Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del "Va Pensiero".  
No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia.
En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad "bella y perdida".
Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena.
Muti prosiguió.
"Yo he callado durante muchos años.
Ahora deberíamos darle sentido a
este canto.
Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el "Va pensiero"
Toda la ópera de Roma se levantó.
Y el coro también.
Fue un momento mágico.
Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos.
En el enlace siguiente se puede vivir ese momento mágico, lleno de emoción."


lunes, 19 de septiembre de 2011

Audición: Sinfonías 1, 2 y 3 de Beethoven

Es difícil seleccionar obras de Beethoven para iniciarse en su música, pues son muchos los géneros, sinfónico, camerístico, piano solo,…  en los que llegó a las cotas más altas de calidad y maestría. Pero partiendo de la base de que ésto sólo es un comienzo, me atrevo a sugerir la audición de las tres primeras sinfonías. ¿Y esto por qué?. ¿Por qué no empezar con las extraordinarias y más conocidas quinta o novena por ejemplo? La razón es bastante simple, por asistir con los oídos más nuevos posibles al descubrimiento de los enormes progresos con respecto a sus antecesores, Mozart y Haydn principalmente, y para percibir el avance dentro de la producción del propio autor. Mientras que en la primera sinfonía Beethoven coge el testigo de su maestro Haydn, adoptando características propias de la música de éste (comienzo lento del primer movimiento, claridad estructural propia del clasicismo,…) evolucionando en la segunda a un lenguaje más personal aunque con un adagio también en el comienzo al igual que las últimas sinfonías de Haydn, y rompiendo absolutamente con todo en la tercera dando lugar a una de las obras más descomunales y rupturistas de la historia de la música.

En los tiempos que corren y después de lo mucho que se ha oído desde que se compusieron estas obras, es difícil percibir su modernidad, pero escuchando con atención estas obras podemos acercarnos a este ideal de novedad.
Beethoven es el compositor en el que se dan la mano el clasicismo en sus inicios compositivos con el romanticismo más personal en la última etapa de su vida, siendo uno de esos músicos con los que uno se involucra tanto que siempre sorprende y fascina a partes iguales.

Las grabaciones de estas obras son innumerables. Han sido llevadas al disco por una enorme cantidad de directores y orquestas por lo que seleccionar entre tanto y tan bueno es difícil. De todas formas, la versión que propongo fue una de las primeras que escuché allá por los 90 y todavía me sigue gustando y mucho. Es de la orquesta de Cámara de Europa dirigida por Nikolaus Harnoncourt grabada entre 1990 y 1991. Utiliza una orquesta moderna pero atendiendo al estilo historicísta, es decir, un número de músicos no muy grande consiguiendo una transparencia en el tejido musical muy apreciable, además son utilizados metales y percusión de época por lo que se obtienen unas sonoridades incisivas, cortantes y de una expresividad muy especial.

Beethoven: Sinfonía nº 3. Harnoncourt

martes, 13 de septiembre de 2011

Audición: Conciertos de Brandemburgo de J. S. Bach

Si se realizase una encuesta con la pregunta de cual es el compositor más importante de la historia de la música, seguramente Bach ocuparía el primer puesto. Su música no sólo está llena de logros técnicos que han marcado tendencia y que han sido estudiados de forma minuciosa por su sabiduría musical, además de por su gran creatividad a lo largo de los siglos, sino que además desde el punto de vista del escuchante, del aficionado, es un compositor realmente excepcional que no defrauda nunca y al que se vuelve constantemente, en muchos casos para descubrir que muchos de los avances de la vanguardia del siglo XX, se encontraban ya en la música de este compositor genial.
Su música es inagotable. Compuso más de mil obras en las que no se conocen obras menores. Nació en 1685 y murió en 1750, por lo que es un compositor del período barroco, coetáneo de otros excelentes músicos como Vivaldi y Haendel. Podríamos elegir muchas obras para iniciarnos en este músico, pero considero los Conciertos de Brandemburgo como obras ideales para esto.

Estas obras, seis en total, están catalogados como BWV 1046-1051, y fueron dedicados al Margrave de Brandemburgo, de aquí su nombre. En el manuscrito el autor se refiere a ellas como "conciertos para varios instrumentos" , es el caso, por tanto, de varios instrumentos solistas enfrentados a una orquesta barroca lo cual aporta un gran colorido y variedad instrumental a las obras dentro de un estilo más cercano al concerto grosso  italiano.

Los seis conciertos son obras maestras y sería incapaz de destacar alguno sobre el resto, me parecen excelentes todos, con una riqueza melódica y polifónica fuera de lo común. Para descubrir las grandes bellezas que encierran estas obras recomiendo escuchar una versión que se atenga a los postulados originales en cuanto a tipo y número de instrumentos, ya que en orquestas demasiado grandes y modernas se ha tendido a hacer versiones románticas de estas obras, lo cual va en contra sus principios originales. Afortunadamente estas prácticas están en desuso actualmente, y aunque ahora las orquestas sinfónicas vuelven a hacer suyos estos repertorios, se adaptan perfectamente a los cánones de la época, utilizando incluso, en algunas familias de la orquesta, instrumentos de época aportando frescura a las interpretaciones. También es muy común hoy que los grandes especialistas en música barroca y antigua en general dirijan a las grandes orquestas sinfónicas en estos repertorios, consiguiendo de estas magníficas interpretaciones atendiendo a los principios irrenunciables hoy día sobre los modos de interpretación barroca, y que en los últimos treinta años han sido objeto de debate por parte de los especialistas en la materia. Esta adaptación de las orquestas que todavía está en proceso está provocando un satisfactorio aumento y variedad de las obras en los programas de abono.

El siguiente enlace corresponde a la interpretación con instrumentos originales de "Música Antiqua Köln" dirigida por Reinhard Goebel en el sello Archiv, una de las mejores versiones de estas piezas.

Bach: Conciertos de Brandemburgo

domingo, 11 de septiembre de 2011

La Orquesta Filarmónica de Berlín y Andris Nelsons

El segundo concierto de la temporada de la Orquesta Filarmónica de Berlín ha estado dirigido por el letón Andris Nelsons, reciente triunfador en el foso del Festspielhaus de Bayreuth con Lohengrin. Es uno de los directores jovenes al alza en la cotización de las grandes orquestas, y ha dejado buena muestra de ello en el citado concierto.
Ha preparado un programa muy interesante, dedicado a Pfitzner, Strauss, Rihm y un redescubrimiento, la figura de Heinrich Kaminski (enlace). Autor alemán con no muy claro origen judío, nacido en 1886 y muerto en 1946. Apartado de la escena musical por los Nazis, y posteriormente postergado por la vanguardia de posguerra por su conexión con la tradición Bach, Beethoven y Bruckner, como tantos otros músicos que fueron sometidos a la tiranía del serialismo. La Filarmónica ha tardado 77 años en volver a interpretar música de este compositor, la obra elegida ha sido "Dorian Music".
Fue terminada en 1934. En apariencia se podría considerar como una obra de estilo neo-barroco, vigente en esa época en Alemania. Es un autor en el que habrá de indagar pues su música es realmente interesante.
¿Cuántos compositores quedarán todavía por redescubrir?. Seguro que muchos, y es una buena noticia cuando alguno de ellos sale a la luz. En Spotify hay un disco de este autor con música para cuarteto de cuerda.


El concierto finalizó con una maravillosa versión de la Suite del Caballero de la Rosa de Richard Strauss. El siguiente enlace corresponde a esta famosa Suite interpretada por el que fue Maestro de Andris Nelsons, el también letón Mariss Jansons al frente de la Orquesta de la Radio de Baviera.

Richard Strauss: Suite de la ópera "El Caballero de la Rosa"

jueves, 8 de septiembre de 2011

Audición: Últimas sinfonías de Mozart

Esta recomendación, como la mayoría de las que aparecen y aparecerán en este blog, es para aquellas personas que sienten la curiosidad por escuchar música clásica, pero no saben por donde empezar.

Sugiero que se comience por el clasicismo. Las cuatro últimas sinfonías de Mozart podrían ser un buen comienzo. Las sinfonías números 38, 39, 40, y 41. Son auténticas obras maestras. Encierran los grandes contrastes de la música de este compositor, todos en la misma proporción. Claridad y profundidad, lirismo y dramatismo, sencillez y complejidad, parece contradictorio, pero no lo es, depende de hasta donde estemos dispuestos a escuchar, por lo que satisface desde el principio, pero uno nunca se cansa de escuchar esta música, pues según vamos profundizando en ella acertamos a percibir más cosas y a disfrutar más.

Sinfonía nº 38 K.504 "Praga"


Sinfonía nº 39 K.543


Sinfonía nº 40 K.550


Sinfonía nº 41 K.551 "Júpiter"


La grabación es de la Orquesta del Concertgebow de Amsterdam, dirigida por Josef Krips, en una de las mejores versiones que se pueden escuchar de estas piezas.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Bayreuth V: Tristán e Isolda 2011

Por fin Tristán. Esta es la obra que se representa nuestro tercer y último día en el festival. Se produce en nosotros un sabor agridulce. Por una parte llega el momento de escuchar, en la verde colina, la obra que, en mi opinión, está en la cúspide del arte operístico de todos los tiempos, la obra de emociones más concentradas y de música más profunda de cuantas se puedan escuchar. Pero por otra parte somos conscientes de que el sueño de Bayreuth está a punto de acabar, de que todo lo que estamos viviendo formará parte de nuestros dulces recuerdos dentro de muy poco. Escribo esto unos días después de la representación, y llego a la conclusión de que ese sueño hecho realidad, y ahora convertido en recuerdo, deja un poso de vida y conocimiento, sin el cual no sería el que soy en este momento. Además después de haber estado allí, escuchar la música de Wagner en casa como he hecho siempre, me lleva de forma inconsciente a rememorar aquellos instantes y a vivir la música de Wagner de una forma más intensa si cabe.
Cuando comienza el preludio de Tristán con ese sonido tan profundo, denso y oscuro percibo algo de aceleración en el tempo, sin ensimismamiento, algo mecánico diría yo. La sonoridad de la orquesta mágica, como siempre, pero el sentido poético lejos de lo excelso. El solvente director Peter Schneider organiza la textura musical de manera soberbia, pero es algo frío en la expresión de las emociones, manteniendo éstas muy pegadas a la tierra, lejos de las metafísicas interpretaciones de los años cincuenta. En su haber habría que decir que el sentido teatral de la propuesta musical era soberbio. Algo después entendí el por qué de esta forma de enfocar el drama más impactante de Wagner: La propuesta musical era coherente con la propuesta escénica. Esta última estuvo lejos del ideal de esta ópera. Es bueno que haya propuestas novedosas y enfoques distintos  a los habituales para buscar el sentido ulterior de una obra maestra, pero cuando se va demasiado lejos, y lo que se hace es ir contra el sentido original, creo que estamos ante un fracaso.

La propuesta escénica podría no ser la ideal y tampoco llevar el drama hacia el lugar donde habitan los sueños. Por el contrario, se podría dar un drama de este calibre, como ocurre en la propuesta del escenógrafo Marthaler, en un transatlántico de principios del siglo XX, con todo el golpe de realidad que esto conlleva, en el que las tres estancias, que dan cobijo a los respectivos actos, van encajándose una encima de otra hasta conseguir que en el tercer acto, los dos actos anteriores queden encajados sobre este.

 En el primero, un salón del barco lleno de butacas, en una estética obsoleta y casposa, en el segundo lo que podría ser una gran sala de espera sin más mobiliario que dos asientos en el centro de la misma, y con toda la frialdad de las paredes desnudas, y un tercer acto que ocurre en una sala que podría ser de una enfermería en la que reposa Tristán sobre una cama con aspecto de potro de tortura. Todo esto podría no ser malo necesariamente teniendo en cuenta además que, al ir transcurriendo los distintos actos, los decorados de cada acto nuevo aparece en la parte baja del escenario, mientras que los anteriores ocupan el espacio medio y superior respectivamente, en el que el espacio está diáfano sin techo, apareciendo los restos de los actos anteriores solo en las pareces, como si quisiera indicarse el grado de profundización del drama hacia los lugares más recónditos y profundos, se supone que del alma, aunque aquí más bien hacia los lugares más cutres del barco.


Pero lo peor no fue esto, sino que los personajes en escena parecían más marionetas que otra cosa, donde Tristán e Isolda casi ni se tocan, como si de un drama doméstico estuviésemos hablando, donde Kurwenal en sus movimientos escénicos parece un patético personaje en el que sus gestos son ridículos y mecánicos y que cuando termina de cantar al igual que los demás personajes, se dirige muy despacio hacia la pared como si estuviese castigado, patético, donde el Rey Marke es simplemente un cornudo al que parecen importarle poco los escarceos amorosos de su mujer. Un Tristán, en definitiva lejos, muy lejos de ser interesante. En opinión de un entendido alemán con el que pudimos conversar, una representación aburrida.


Lo mejor de todo, además de gran calidad de la orquesta, fueros las dotes canoras de los cantantes pues las actorales no pudieron ser contrastadas debidamente al estar plegadas a esta absurda representación. La Isolda de Iréne Theorin espléndida, una voz portentosa y bella, con toda la energía interpretativa y musical  que requiere el personaje. El Tristán de Robert Dean Smith, de bella voz pero quizás algo escasa en algunos momentos, aunque muy valorable su actitud dramática durante toda la representación. El Kurwenal de Jukka Rasilainen de voz noble y poderosa pero desaprovechada por la pésima dirección de escena. El Rey Marke de Robert Holl de profundísima voz con perfecta emisión y en lo que la dirección escénica le permitió, muy expresivo.


El siguiente video nos da una muestra de esta producción:




martes, 30 de agosto de 2011

Audición: Concierto para violonchelo opus 104 de Antonin Dvorak

La obra fue compuesta por el compositor checo durante su estancia en America, es decir, durante uno de sus periodos más fructíferos. Fue estrenada en 1896, en el ocaso del periodo romántico. Es una de las obras más importantes de Dvorak, en la que se funden el aliento romántico, bellas melodías y la nostalgia por su tierra natal con unos momentos verdaderamente sublimes. Desde un gran virtuosismo a la mayor introspección. Los tres movientos son excepcionales, pero destacaría por su belleza el segundo. Recomiendo la versión de La Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Barbirolli, y con la excepcional Jaquelin Du Pré al violonchelo. Es una versión antológica, de gran belleza y con unos interpretes en estado de gracia.

  Dvorak: Concierto para violonchelo opus 104

viernes, 19 de agosto de 2011

Bayreuth IV: Parsifal 2011

En nuestro segundo día de asistencia al festival se representa Parsifal. Si una representación en la colina verde es algo muy especial, cuando la obra es Parsifal estamos ante un verdadero acontecimiento. Fue la última creación de Wagner y por tanto su testamento artístico. Es la obra más enigmática y profunda de cuantas compuso nuestro genial autor y la única pensada desde su inicio para ser representada en Bayreuth, lo que hace más significativa aún su puesta en escena en este especial enclave.
El festival de Bayreuth fue inaugurado en 1876, y Parsifal estrenada en 1882 un año antes de la muerte de Wagner. En ella, después de toda una vida buscando el origen de la humanidad al margen de la religión, pensemos en su magna obra “El anillo del Nibelungo”, se adentra en el universo del Santo Grial de Jesucristo, uno de los motivos por los que Nietszche se distanció de él de forma definitiva.
Cuando Wagner concibió este teatro, pensó en un público que asiste a las representaciones después de aparcar los problemas de la vida cotidiana, que se aleja de los mismos desde que comienza a caminar hacia la sede del festival, que asiste de forma reverencial a una manifestación de arte supremo, más tarde  llamada obra de arte total, en una ciudad pequeña, sin más distracciones que sus propuestas artísticas. Pensó en un teatro carente de cualquier lujo superfluo, con un patio de butacas que ocupa la mayor parte de la sala dispuesto a modo de anfiteatro romano. Tanto es así que los asientos carecen de reposa brazos y están acolchados mínimamente. El respaldo es todavía más austero, de madera sin más, eso si, alquilan un cojín a la entrada para mitigar un poco estas incomodidades, pero lo cierto es que éstas pasan a un segundo plano, cuando lo que se está viviendo es un sueño tantas veces imaginado. Toda esta austeridad permanece desde su inauguración, no tanto por un motivo estético o accesorio, sino para que la acústica de la sala no se vea alterada según su concepción original.




Desde un punto de vista musical la representación fue modélica, salvo pequeños matices. La orquesta de sonido poderoso  y matizado, estuvo dirigida por un excepcional  Daniele Gatti que realizó una interpretación  profundamente expresiva y de gran carácter dramático. La especial acústica de este teatro se percibe desde que se escucha la primera nota. La música no se sabe muy bien de donde sale, el foso y la orquesta no se ven, están totalmente ocultos. Los músicos están debajo del escenario lo que permite que la orquesta suene robusta y poderosa pero sin tapar a los cantantes, cuyas voces adquieren un protagonismo inusitado en una obra de Wagner. El coro del Festspielhaus llegó a unas cotas de calidad difícilmente igualables, realmente fuera de lo común.
Valorados en su conjunto los cantantes (enlace) estuvieron a gran altura, entre lo bueno y lo excelente. Cuando se habla en la actualidad de la crisis de voces wagnerianas, es algo con lo que no estoy de acuerdo. Existen voces wagnerianas excelentes, que cantan de verdad y no gritan como muchos piensan, que transmiten la verdad de sus personajes. Si comparamos los cantantes actuales con otros de épocas pasadas, por supuesto que algunos de antes son referencias inalcanzables, pero en general creo que hoy en día Wagner se canta muy bien. Lo que sí es cierto es que los cantantes actuales tienen que competir, injustamente, con las grabaciones históricas de los grandes hitos de la historia del canto wagneriano, lo que les hace asumir un papel muy incomodo. Hoy día podemos escuchar, gracias a la técnica, lo mejor de todos los tiempos, con una magnifica calidad sonora, algo realmente fascinante, pero que también puede ser peligroso, pues estamos permanentemente comparando.
Destacaron en esta representación  el coreano Kwangchul Youn en el papel de Gurnemanz con voz aterciopelada y de gran nobleza, que aportó toda la humanidad que el personaje requiere y la mezzo americana Susan Maclean de poderosos y expresivos medios, y con una gran versatilidad dramática, muy bien en la consecución de los múltiples perfiles del personaje. Conviene recordar que el papel de Kundry es uno de los más complejos de la creación wagneriana, su antecedente en la historia original en la que se inspiró Wagner, en realidad estaba representada por dos personajes muy distintos entre si, y nuestro autor los sintetizó de forma magistral en este personaje. Tanto Kundry como Gurmenanz fueron los más aplaudidos de la noche, con pateos incluidos, reservados sólo para las interpretaciones de mayor altura. De un nivel notable fue la interpretación que hizo de Parsifal el tenor neozelandés Simón O`Neill, con el único pero de unos ciertos problemas en la emisión de la media voz, pero compensados con la gran expresividad del forte. El angustiado y sufriente Amfortas del alemán  Deflef Roth, estuvo dentro del buen tono general, el resto del reparto a gran nivel.



La representación en cuanto al aspecto escénico, cabe calificarla de excepcional. Es difícil ver tantos detalles significativos en una puesta en escena, tan llena de ideas, conceptos y referencias extra-musicales. Es imprescindible conocer al detalle la obra antes de asistir a una representación de este tipo, pues se corre el riesgo de perderse y desorientarse al confrontar ideas preconcebidas, con otras incluidas en la propuesta teatral. En representaciones de esta clase, la escena parece contar una historia totalmente distinta a la original, pero si la propuesta es coherente, pronto se empiezan a ver las relaciones, con lo que la obra original es realzada, potenciada y actualizada en sus significados.
Cuando el preludio comienza a sonar, se entra en un mundo estático, sugerente, como ajeno al paso del tiempo. A los pocos compases se alza el telón, y aparece una habitación de una mansión del siglo XIX, en la que una cama ocupa la posición central, sobre ella una mujer moribunda, con aspecto de estar poseída, como si su alma no tuviese reposo, reclamando la atención de su hijo, lo llama mediante movimientos estentóreos, poniéndose de pie en la cama, agitando convulsamente los brazos, pero el niño se resiste, debe sentir lo que siente el público, miedo. Finalmente consigue que se acerque, lo abraza, este consigue despegarse de ella y se va a jugar al jardín. Todo esto sin mediar palabra pues ocurre, mientras suena el impresionante preludio de la obra. El comienzo por tanto es desconcertante, y empiezan a surgir preguntas en la cabeza, ¿quién es este niño vestido de marinero?, ¿Y la mujer?. Como si de un leitmotiv se tratara esta mujer aparecerá en otros momentos de la historia, pero lo que se siente de entrada es una gran inquietud. Cuando comienza la acción propiamente dicha, la escena cambia, lo que ahora vemos es la casa de antes vista desde fuera, es decir, desde el jardín, además se cae en la cuenta de que esta casa es Wahnfried, la mansión de Wagner en Bayreuth, otra sugerencia que procesar. En el jardín tiene lugar la siguiente escena, parece que ha pasado algún tiempo, los caballeros del Grial con Gurnemanz a la cabeza, portan unas grandes alas a la espalda que podrían ser de ángeles. Kundry lleva una estética como de ama de llaves, otro guiño: parece el ama de llaves de la Rebecca de Hitchcock. No lleva alas, como los demás, hay algo de intrigante en ella. Cuando entra Parsifal en escena va vestido como el niño de la primera escena, de marinero. Representa al niño inocente, al “puro loco”, papel fundamental en la obra. Cuando el sufriente Amfortas, ataviado como un Cristo de nuestros días, al final del primer acto, oficia el sacramento de la comunión para los Caballeros del Santo Grial, estos son soldados del ejército alemán de la primera guerra mundial.  En estos momentos uno entiende que lo que nos intentan contar es la historia de Alemania desde finales del siglo XIX hacia adelante.

En el segundo acto, Klingsor, auto-castrado para alejar la tentación de la carne y poder entrar así en la orden de los Caballeros del Grial, es representado con estética de cabaret de los años veinte. De cintura para arriba hombre, de cintura para abajo mujer, con liguero y tacones incluidos. Porta además unas inquietantes alas negras a la espalda, al igual que Kundry, en clara alusión al águila del escudo de los Nazis. Las muchachas flor están representadas en la escena como enfermeras en un hospital para heridos de guerra, éstas, además de cuidar también seducen y fornican con los enfermos. De este mundo decadente se pasa posteriormente a la sociedad de los Nazis, la estética de la escena cambia completamente, aparecen las banderas del Tercer Reich con sus atemorizantes cruces gamadas. Pero todo este tenebroso y oscuro mundo es destruido por Parsifal, que en la obra original está designado para la salvación y curación de Amfortas  además de para hacerse cargo de la orden de los Caballeros del Grial. Es la clara alusión a la segunda guerra mundial y la caída del nazismo.



El tercer acto ocurre en las ruinas del anterior, más concretamente frente a la casa destruida del primer acto. Lo que en la obra original debía ser el encantamiento del Viernes  Santo en el que se da toda la potencia creadora de la naturaleza, aquí más bien asistimos a las ruinas del mundo, pero en el que todavía hay esperanza, la que encarna Parsifal. Es la pureza de Parsifal la que llevará a la salvación en la obra original, y en esta propuesta escénica a la salvación del mundo. En la siguiente escena, vemos un parlamento, los caballeros del Grial son políticos y Amfortas su fatigado y decadente líder. Lo que en el original es una exigencia de que Amfortas propicie la comunión, aquí es un parlamento inquieto que necesita que su jefe y líder les marque el camino, pero éste debido a sus  problemas, está totalmente imposibilitado para hacerlo. Es de nuevo “el puro loco” Parsifal el que aporta algo nuevo, el único capacitado para salvar a una sociedad que anhela más que nunca una moral y una espiritualidad que están postradas ante el reinante materialismo.

Toda esta complejidad escénica incluye además otros elementos para el análisis, por ejemplo, aparece de forma permanente en la escena, la tumba de Wagner así como el holograma de su cara surge en un momento puntual, haciendo a éste protagonista de la historia. También hay una clara referencia al muro de Berlín, el niño antes citado va poniendo sus ladrillos como si se tratara de un juego. En otro momento impactante de la representación, al final del tercer acto, un espejo gigante situado en el fondo de la escena hace que todo el público se vea reflejado en él, metiéndonos a todos dentro de la historia.

Después de asistir a una representación de este calado, se confirma la idea de cuán importante es el arte para conocer la existencia humana, tanto desde un punto de vista individual como colectivo. Esta obra está llena de referencias hacia la vida espiritual, donde la redención y el perdón juegan un papel protagonista, donde el dolor espiritual y la “herida” que como Amfortas, todo ser humano puede llevar dentro de si, condiciona los comportamientos y los actos, y como la liberación de este dolor es la única vía de superación personal y de anhelo de felicidad.
La puesta en escena además de esta búsqueda interior, inherente al planteamiento original de Wagner, enuncia un ambicioso programa de exploración en la conciencia e historia del pueblo alemán, en el que es fácil identificar su “herida” incurable, a lo largo de su reciente historia. De esta forma llegamos a pensar en la grandeza de la obra wagneriana, por su capacidad para sugerir y proponer nuevas lecturas a futuras generaciones, haciendo más amplia aún su vocación absoluta, permitiendo el acercamiento a un ideal abstracto del que manan las ideas del mundo, donde el arte propone un camino de búsqueda y exploración personal que nos convierte en mejores personas, donde la experiencia estética y la ética van de la mano.


En los siguientes videos se puede ver una muestra de esta producción de Parsifal, aunque los comentarios en alemán:




viernes, 5 de agosto de 2011

Audición: Parsifal. Las muchachas Flor (Wagner)

Es un bello fragmento de Parsifal , en el que las Muchachas Flor intentan seducir a Parsifal cuando entra en el territorio del malvado Klingsor.

Parsifal: Las muchachas flor

Es la versión de Sir George Solti dirigiendo a la Filarmónica de Viena