miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lars Vogt y La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla interpretan un Brahms primoroso

Uno de los atractivos de asistir a un concierto es descubrir música nueva que no has escuchado antes, y que esta te sorprenda y que a partir de ese momento indagues un poco y descubras un nuevo mundo potencial de disfrute personal.
En otras ocasiones, cuando el programa que se interpreta es conocido, se ha escuchado muchas veces, e incluso se conocen distintas versiones de las obras, lo que se espera encontrar en el concierto es la realidad de la obra, su dimensión última, la conexión de los intérpretes con el público, detalles no percibidos en las grabaciones y vivir una emoción pura que conduzca a una sensación de felicidad difícil de expresar con palabras y que no se consigue de ninguna otra forma.
Es cierto que esto no se consigue siempre, que la mayoría de las veces las sensaciones son parecidas a lo expresado anteriormente aunque en menor medida de lo deseable, pero a veces el milagro ocurre y uno agradece la suerte de haber vivido esos momentos. Esto último es lo que ocurrió en el concierto del pasado 8 de diciembre ofrecido por La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en el Teatro de la Maestranza, donde se pudo escuchar entre otras obras (enlace), el concierto para piano número 1 opus 15 de Johannes Brahms, verdadera obra maestra  de este compositor, y que fue interpretada de forma sublime.


Johannes Brahms

Un primer movimiento intenso y dramático, un segundo como de otro mundo, de una belleza y una expresividad fuera de lo común y un tercer movimiento arrebatado y de energía contagiosa. En definitiva un Brahms de verdadera altura que me sorprendió gratamente, pues desde mi punto de vista, superó a cuantos he escuchado en disco, con una orquesta en estado de gracia, un pianista Lars Vogt excepcional si más y un director Michael Schønwandt que entendiá a Brahms como si lo hubiese conocido en persona.
 La orquesta sonó transparente y con un gran sentido del color, del matiz y del contraste dinámico, poniendo de relieve la opulencia orquestal de este compositor, pero a la vez sacando a relucir los diferentes planos de la textura musical de una manera prodigiosa, aunque por encima de todo lo más destacado fue la enorme trascendencia con que fue interpretada esta música, desde los momentos más dramáticos a los más delicados y bellos. Con noches como esta, cuando se ven asientos vacíos, uno piensa, si saben los sevillanos en general, la joya que esta ciudad alberga, patrimonio de una ciudad que gana enteros con una institución como esta, que ha costado tantos años de trabajo ponerla a este nivel con el apoyo de todos, y que hay que preservar a toda costa y más en tempestades económicas como la presente que puede arrasarlo todo, pero que debemos mimarla y preservarla a toda costa sino queremos ser nosotros mismos los que naufraguemos.

El concierto para piano número 1 de Brahms fue terminado de componer en 1857, cuando el compositor contaba con 24 años de edad. Tiene una concepción ante todo sinfónica, en la que el piano y la orquesta aparecen más como un todo indivisible que como en el clásico concierto en que instrumento solista y orquesta son enfrentados musicalmente. Es un concierto dramático y de gran intensidad lírica, posiblemente derivada de su experiencia como compositor de canciones.
Se piensa que el emotivo y dramático comienzo de la obra está influído por la muerte de Schumann, auténtico mentor de este concierto. El sublime segundo movimiento parece una antesala de su Requiem, por su elevado carácter, no en vano aparece manuscrito en la partitura lo siguiente: “Benedictus qui venit in nomine  Domini” en homenaje a su admirado maestro Robert Schumann.

En el siguiente enlace se puede escuchar una de las mejores versiones recientes de la obra, interpretada por Nelson Freire al piano y Ricardo Chailly en la dirección de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig.



martes, 6 de diciembre de 2011

Naturaleza y Arte

Luz, aire, agua, mar, árbol, la sola enunciación de estas palabras sugiere muchas cosas. Hay ideas en ellas, conceptos, elementos inabarcables y desconocidos. La experiencia que supone un paseo por la playa o la montaña, por lugares de naturaleza plena, es extraordinaria si tenemos los cinco sentidos despiertos. Hay más cosas que nos envuelven que los puros conceptos que expresan las palabras, hay sensaciones difíciles de traducir mediante algún lenguaje conocido, posiblemente este es el objetivo del arte y manifestaciones del mismo como pintura, escultura o música. Las palabras en si son abstracciones y simplificaciones de la realidad, cuando se juega con ellas para trascender su significado entramos en una nueva dimensión de conocimiento, el que nos proporciona la literatura y la poesía, es decir, el universo artístico. El arte es la búsqueda de la utopía, aquella expresión máxima de conocimiento absoluto, en la que a través de la belleza nos acercamos a este ideal de plenitud, allí donde surgen las ideas del mundo, donde la búsqueda de lo infinito a través de lo finito, aunque una quimera, se convierte en un itinerario vital.

La experiencia estética que supone observar el mundo a través del arte es una de las sensaciones más maravillosas que se pueden vivir. Sugiero dar un paseo por el campo escuchando, por ejemplo, las variaciones Goldberg de J. S. Bach en el mp3, la experiencia es realmente extraordinaria, percibir una brizna de hierba escuchando el comienzo de esta obra, da sentido al milagro que supone la vida. Esto recuerda a las sensaciones que se perciben con las películas de Terrence Malick, por ejemplo en la penúltima “El nuevo mundo”, donde la observación de la naturaleza mientras suena el preludio de “El oro del Rin” de Richard Wagner, o el maravilloso segundo movimiento del concierto número 23 de Mozart, o en multitud de instantes de su última y enigmática película “el árbol de la vida”, aporta estas experiencias trascendentes que desconciertan por la inquietud que suponen la vivencia emocional de los misterios del mundo.

Cuando las variaciones Goldberg comienzan, da la sensación de que el tiempo se ha detenido, de que todo cuanto te rodea está sujeto a unas normas diferentes a lo habitual, pero de pronto surge el segundo movimiento y es la vida en plenitud lo que surge al instante, casi se siente el crecimiento de las hojas de los árboles y cuando digo esto me refiero a todas ellas, como en una sinfonía de vida y plenitud que no se detiene ante nada. En algunas de las variaciones más rápidas me vienen a la cabeza la variedad de formas de la naturaleza, sus recovecos y la luz que los traspasa en un mosaico de formas y colores. Las variaciones más lentas y reflexivas nos llevan a una mayor contemplación de cuanto nos rodea, provocan una emoción contenida.


La mejor versión de todas cuantas he escuchado, desde mi punto de vista, es la de Glenn Gould  grabada en 1981, es una versión mucho más reflexiva que su anterior grabación de 1955, todo un volcán de vitalidad y energía rompedora y toda una declaración de intenciones del interprete, sin embargo la última que grabó nos llena de luz del atardecer, con todos sus contrastes y claroscuros. Las dos son imprescindibles.

 

Todas las variaciones de la obra son excepcionales, pero destacaría el aria con que da comienzo y la variación 26, sin olvidar el cierre de la obra que es una especie de vuelta a empezar, pero sin que nada sea ya lo mismo, en un movimiento cíclico que hace aún más verosimil su acercamiento a los ciclos de la vida. La potencia expresiva de esta obra se realza en estas versiones pianisticas, la versión original fue compuesta para clave, mediante una variedad de matices casi infinita. Su profundidad expresiva y su nivel de abstracción son abrumadores. Como toda buena obra se disfruta cada vez más con el paso del tiempo.

Versión de 1981

Versión de 1955:
J. S. Bach: Variaciones Goldberg BWV 988. Glenn Gould

sábado, 3 de diciembre de 2011

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y la quinta de Mahler



Esta noche he asistido al cuarto concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Sevilla, y después de bastante tiempo sin publicar ninguna entrada, he estado muy ocupado últimamente, he sentido un fuerte impulso para dejar constancia en el blog del magnífico concierto que nos ha ofrecido nuestra orquesta dirigida por su titular Pedro Halffter.

 En cartel la sinfonía número 5 de Mahler. Obra compleja, intensa, emotiva y que aglutina tantas cosas como pocas composiciones, una de esas obras que uno estaría escuchando permanentemente, que no cansa y que al contrario cada vez que se escucha parece nueva.

 En primer lugar quiero comentar el lleno absoluto del teatro. Cuando Mahler dijo que su momento llegará, en alusión a lo escasamente comprendida y conocida que fue su música durante su vida, y que confiaba que en el futuro sería mejor valorada, y viendo el teatro lleno a rebosar y con mucho público joven, vemos claramente que su vaticinio se ha cumplido, que su música goza de un esplendido presente, pero lo que es más importante todavía, que suyo también es el futuro.

 Una obra como la presente saca a relucir de la orquesta sus virtudes y sus defectos, poniéndolos claramente encima de la mesa, y francamente, en noches como esta hay que descubrirse ante la enorme calidad de esta agrupación sinfónica, que digamoslo con claridad es una de las mejores de España, y que sería imperdonable, para quien lo hiciese, que fuese sometida  a más recortes. Creo que hoy en día esta orquesta habla fuerte y claro de la importancia que tiene Sevilla desde un punto de vista cultural, siendo por tanto un reclamo para todos cuantos se planteen visitar la ciudad. La labor desempeñada por su director Pedro Halffter es verdaderamente encomiable, el cual ha crecido artísticamente a la par que la orquesta. Su inteligencia a la hora de programar las obras de la temporada, tanto la ópera como  los conciertos de abono, queda clara a la hora de asistir a conciertos como este. No hay más que echar un vistazo a las obras programadas tanto en esta temporada como en las anteriores para darse cuenta de que la exigencia de las obras elegidas, hacen que la orquesta suba varios peldaños en  calidad. Todas las secciones han mejorado en estos años, quedando claro cómo una obra como la quinta de Mahler, le viene como anillo al dedo a esta orquesta. La interpretación no sólo estuvo a una extraordinaria altura en cuanto a calidad orquestal, sino también en lo que se refiere a emoción y profundidad expresiva, tensión y dramatismo. Sólo pondría un pero, un excesivo volumen de los metales que en determinados momentos se comían a una cuerda en estado de gracia.



En definitiva una noche para guardar en el recuerdo de cualquier aficionado a la música y para felicitarnos de lo que significa poder disfrutar de una orquesta como la ROSS, y de un director con las ideas claras y con una gran capacidad de liderazgo.




domingo, 6 de noviembre de 2011

Pablo Heras-Casado y La Filarmónica de Berlín

Los pasados 20, 21 y 22 de octubre el director granadino, Pablo Heras-Casado dirigió a la Orquesta Filarmónica de Berlín en su sede, la mítica sala "Philharmonie" de Berlín, en conciertos pertenecientes a la temporada oficial de esta orquesta y que fue retransmitido el del dia 22 por internet a través del Digital Concert Hall. El éxito fue apoteósico, el joven de 33 años encandiló a un público acostumbrado a escuchar lo mejor de lo mejor y que  supo reconocer su talento. El programa estuvo formado por dos obras de Mendelsshon que abrieron y cerraron el concierto, Las Hébridas y la Sinfonía nº 3 “escocesa” respectivamente, una de Szymanowski, la "Sinfonía Concertante nº 4" y una de Luciano Berio "Quatre Dédicaces".



Dirigió con gran personalidad y supo sacar de esta maravillosa orquesta una interpretación excepcional. El cuidado de los matices, de las transiciones y de los contrastes dinámicos me resultó sorprendente para alguien de su edad, nada de grandes volúmenes sonoros sin más. La propia elección del programa nos dice que ese no es su camino, nada de buscar un sonido espectacular y de cara a la galería, persigue más bien esa esencia que posee la música y que si ésta se fuerza desaparece sin más, dejando una interpretación con todo el bello e impactante sonido que se quiera, pero sin alma, o lo que es lo mismo sin esa trascendencia inherente a la música.

Cuando estos detalles se cuidan, la música nos dice muchas cosas, aspectos que no se pueden expresar con palabras, que trascienden, que emocionan, que nos llevan a un lugar fuera de lo común aunque sólo dure un instante, de todo esto hubo mucho en este concierto.
La obra de Berio, una composición del siglo XX, estuvo en esta línea, con una interpretación descarnada y bella, al igual que la sinfonía nº 4 de Szimanowsky estrenada el 9 de octubre de 1932, en que belleza, misterio, drama, y un refinado impresionismo fueron sacados a la luz por una orquesta de ensueño y por un director que entiende muy bien esta música y sabe sacar todo esto de ella. El piano de  Marc-André Amelin estuvo a la altura de las circunstancias, intenso y profundo.

Las dos obras de Mendelsshon estuvieron dirigidas con maestría y con todas las cualidades expresadas más arriba, dio mucha atención al detalle y cuidó muchos las transiciones y los matices, puso de manifiesto en definitiva la grandeza y profundidad de esta música.

En conclusión un esplendido éxito que el público de Berlín supo ver y que reconoció solicitando al director que saliese a saludar, incluso después de que la orquesta hubiese abandonado el escenario.



Mendelssohn: Sinfonía nº 3 "escocesa"

Mendelssohn: Las Hébridas

Szymanowski: Sinfonía nº 4

Más información sobre el concierto en el siguiente (enlace)
Más información sobre el Digital Concert Hall en el siguiente (enlace)

sábado, 29 de octubre de 2011

La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky (1882-1971). Parte II



Lo que Stravinsky quiere transmitir con su nueva obra necesita de una música también nueva, conceptual y estructuralmente, distinta a lo hecho hasta el momento.
La música utilizada en la consagración descarta muchos conceptos del pasado, por ejemplo, su música elimina la melodía como elemento esencial, estableciendo a lo largo de su discurso sonoro un tejido entrecortado de fragmentos melódicos que no llegan a desarrollarse, que se combinan con otros que suceden simultáneamente en el tiempo, formando una textura transparente e inconexa a la vez, y aportando toda la tensión e inquietud que Stravinski quiere aportar, como si quisiera expresar una etapa pre-racional de la historia de la humanidad.

Otro elemento destacado en su escritura musical es el uso de polirritmias (utilización simultánea de dos o más ritmos que no se perciben fácilmente como derivados uno de otro), es decir, la utilización simultánea por parte de distintas secciones de la orquesta de ritmos distintos que potencian la sensación de incertidumbre, asemejándose bastante con la disposición de los distintos sonidos de la naturaleza no controlados por el hombre.



Otro elemento de uso importante es el ostinato (diseño musical breve que se repite constantemente a lo largo de una interpretación o composición o de una sección de esta), con el que potencia la sensación de intranquilidad y miedo a lo desconocido.

Como elemento también destacable en esta música extraordinaria, el resurgir de la orquesta en el uso de timbres puros e individuales, dando una visión renovada de la textura musical, en contraposición a la mezcla, condensación y alquimia sonora propia del romanticismo, más interesado en expresar la bruma, la noche y lo oscuro que de mostrar lo luminoso y diáfano. Esta mezcla de timbres, en muchas composiciones del siglo XIX hace a veces irreconocibles los sonidos de los distintos instrumentos de la orquesta. En música se puede hablar a veces más fácilmente, o al menos más gráficamente estableciendo un símil con la pintura: Es como si pasáramos del uso de la mezcla de colores, al uso de colores puros, intensos, provocadores, excitantes, dramáticos, que nos conectan con lo más visceral y primitivo de nuestro ser, algo así ocurre en la consagración, pero desde un punto de vista musical.

Es una música creada para sentirla, no con la emoción romántica, sino con la emoción primitiva de lo no evolucionado, lejos del mundo civilizado que conocemos.

Todos los temas musicales utilizados son diferentes en cada parte, añadiendo un plus de originalidad a la partitura, ya que no hay ideas a las que se les da cuerpo a través de su desarrollo sino elementos musicales que nacen y mueren en poco tiempo.

Con esta música se asiste a un ritual intenso y brutal de comunicación con la naturaleza, donde la pulsión febril de nuestra existencia es liberada, produciendo la revitalización de todo, como la misma primavera que cíclicamente llega para hacer resurgir la vida y llenar el mundo de color y energías renovadas.

Stravinski, después de crear esta música cambió su estilo, no siguió por la misma senda, buscó caminos nuevos, pensó que éste estaba ya agotado o que no se podía llegar más lejos por aquí. El estilo de la consagración se disipa en Stravinsky en poco tiempo, aunque influyó en otros autores posteriores.

No es recomendable seguir la obra intentando ver representada en esta de forma concreta las distintas partes del argumento del ballet, sino dejándose llevar. De hecho el propio Stravinski explica esto diciendo: “La música es incapaz de expresar nada en concreto: un sentimiento, una actitud, un estado psicológico, un fenómeno de la naturaleza, etc. La expresión no ha sido nunca propiedad inmanente de la música. La razón de ser de la primera no está condicionada en absoluto por la segunda. Si, como siempre es el caso, la música parece que expresa algo, eso no es más que una ilusión, nunca una realidad”. Esta es una visión contrapuesta a la romántica

La orquesta puede asemejarse a la paleta de colores de un pintor. Cada instrumento tiene su propio color, timbre o sonoridad característica, con lo que se obtienen muchísimas posibilidades en su utilización. El pintor pinta sobre un lienzo, la orquesta en el aire, y la música que esta produce transcurre en el tiempo. La música en realidad es tiempo, nace y muere como la vida misma, no se mantiene, desaparece después de habernos hecho vivir distintas emociones, con lo que desde ese momento existe en nosotros mismos, en el recuerdo de la emoción que nos produjo, siendo así sus legítimos destinatarios.






martes, 25 de octubre de 2011

La consagración de la primavera de Igor Stravinsky (1882-1971). Parte I

Hay pocas obras que hayan significado tanto en la historia de la música clásica como La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky. Se habla de que existen dos obras fundamentales en la historia de la música, que significan un antes y un después. Una es la tercera sinfonía de Beethoven, que cierra el mundo del clasicismo, y abre el mundo nuevo del romanticismo en lo que a música se refiere, y la otra es la obra que nos ocupa, que produce un punto de inflexión en muchos conceptos existentes en el arte musical, hasta la fecha.



Se puede decir que inicia la andadura de la música moderna en el siglo XX, superando las grandes obras del romanticismo tardío. Está compuesta en una época convulsa de Europa, de caída y crisis de un imperio y de una forma de vida de una determinada parte de la sociedad que desembocaría poco después en la primera guerra mundial. La consagración está impregnada de esa crisis, lo que hace que su estilo sea tan brutal, contundente, rompedor,…. con todo lo creado hasta la fecha.

La obra fue estrenada en París en 1913, poco antes de la primera gran guerra, lo que pone de manifiesto el ambiente que se respiraba en esa época. Algunos han creído ver en esta obra un anticipo de lo que vendrá después, como ha ocurrido con las demás artes. La tragedia se respiraba en el ambiente y el artista la capta con su extrema agudeza y sensibilidad.

El París donde se estrena la obra, es el París de las vanguardias, un público ávido de novedades y que sin embargo montó un escándalo en el estreno, que sin lugar a dudas dio fama a su autor, y en concreto a esta obra.

La música surge como un encargo del empresario Serguei Diaghilev, director de los ballets rusos. Hombre con gran olfato para descubrir lo provocador y genial en el arte. Son muchos grandes compositores los que reciben encargos de Diaghilev en el comienzo de sus carreras, como el propio Stravinsky, Debussy, Ravel, Satie, Falla, Prokofiev,…. Grandes compositores de su tiempo, que fueron tentados para componer obras para la escena, y que participaron en uno de los momentos más creativos del siglo XX.



El escándalo, entre otras razones, vino dado porque una parte del público que asistió al estreno estaba acostumbrado a otro tipo de música para ballet, más melódica y menos rupturista, ya que, el espectador asiduo a este tipo de representaciones era, en esa época, más conservador en materia estética.
El argumento del ballet está situado en una época pagana, prehistórica, de una Rusia en la que se suceden los rituales de adoración a los dioses y en la que el sacrificio de una doncella, que debe bailar hasta su muerte, debe servir para obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la primavera. Se muestra así una visión irracional y pre-civilizada del hombre, en relación con la naturaleza y sus fuerzas telúricas, que irrumpen en la primavera rusa después de un largo y duro invierno, como una auténtica eclosión de vida en el imparable ciclo natural. Stravinski decía que la primavera en Rusia era como una explosión.




En la próxima entrada comentaré de forma más precisa la obra. La siguiente versión es una de las mejores de la pieza, corresponde a la Orquesta Sinfónica de Cleveland, dirigida por Pierre Boulez.

La consagración de la primavera, Stravinsky

viernes, 21 de octubre de 2011

Miguel Fleta, un tenor para el recuerdo

Quisiera dejar constancia en esta entrada, de la importancia que tuvo para mi conocer por boca de mi querida abuela Carmen la admiración que sentía su padre, mi bisabuelo Pepe Oliver, hacia el arte del tenor español Miguel Fleta. Me hablaba de los discos que escuchaba y de cómo viajaba de Adra a Almería en los años treinta para escuchar a este tenor. Las dos ciudades están separadas por cincuenta kilómetros, lo cual no es una distancia baladí si tenemos en cuenta que estamos hablando de los años treinta, antes de la guerra civil. Esta información de primera mano me hizo investigar sobre la vida de este tenor completamente desconocido para mi. Y descubrí algunas cosas interesantes y hasta sorprendentes, llegando a ser para mi uno de esos pocos artistas  especiales, que no solamente son admirados por su arte sino también por su humanidad y entrega.


Nació en 1897 en Albalate de Cinca, Huesca y murió en La Coruña en 1938, es decir una vida de poco más de 40 años. De origen humilde, pastor de ovejas en su niñez. Comenzó cantando jotas y fue descubierto por la que posteriormente fue su mujer, la soprano Luisa Pierrick, cuando realizaba una prueba de voz en el conservatorio de Barcelona, donde ella era profesora, quedando cautivada por el timbre de su voz, como ella misma expresó: “enseguida comprendí la importancia de la voz de Miguel [Fleta] y sobre todo su sentimiento”. Ella lo forma y en no mucho tiempo estaba cantando en los mejores teatros del mundo, La Scala de Milán, Volksoper de Viena, Teatro Massimo de Palermo, La Fenice de Venecia y hasta el mismísimo Metropólitan de Nueva York, el éxito es total,  su voz cautiva al público, más que eso, produce entusiasmo por donde quiera que va, es su época dorada, los años veinte. Esa subida tan fulgurante, tantos éxitos, en una naturaleza humilde y generosa como la suya hacía que no tuviera inconveniente en repetir hasta varias veces a petición del público las arias más famosas en las representaciones de ópera, e incluso llegara a cantar en plazas de toros, sobre todo al final de su carrera, sin medios de amplificación sonora, todo un exceso que llegó a pagar caro, pues su voz a finales de los años veinte comienza a declinar provocando un alejamiento de los escenarios importantes del mundo operístico y el periplo por toda la geografía española durante la segunda república, por teatros menores y escenarios excesivamente grandes para la voz humana, lo que empeora aun más su maltrecha voz. Triste historia para un cantante que estrenó en La Scala de Milán a petición del ilustre director Toscanini, la ópera póstuma de Puccini, Turandot en 1926, o que triunfó en el Metropolitan de Nueva York con I Pagliacci, una obra que desde la muerte de Caruso,  ningún cantante quiso ponerla en escena en este teatro, el recuerdo de este ilustre cantante era todavía incuestionable y una pesada carga para cualquiera. Fleta afrontó el reto y triunfó de forma apoteósica.

Como llegó a decir el mismísimo Lauri Volpi después de escucharlo cantar: “Su voz cálida, amplia, oscura, extensa y dúctil era de las que en la historia del teatro lírico se cuentan con los dedos de una mano y se oyen con intervalos de varios lustros. Voz única por cantidad, calidad y emotividad entre las muchas que he tenido la ocasión de admirar hasta hoy en todos los teatros del mundo. Jamás he oído cataclismo semejante en teatro alguno ni he asistido jamás a un triunfo tan emocionante”.

Estos son algunos ejemplos de su arte:

En los dos enlaces siguientes se pueden escuchar dos preciosas perlas de su arte, "E lucevan le stelle"  de la Tosca de Puccini y "La donna e mobile" del Rigoletto verdiano, ambas son grabaciones de los primeros años 20.
En estos otros, tenemos el aria "Vesti la giubba" de I Pagliacci, de Ruggero Leoncallo seguida de "Che gelida manina" de la Boheme de Puccini
Miguel Fleta. Leoncavallo-Pagliacci

Miguel Fleta. Puccini-La Bohème



martes, 11 de octubre de 2011

Las bodas de Fígaro en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Ciclo Mozart II


Cuando asistimos a una representación de ópera o de cualquier otro género musical o teatral y descubrimos la genialidad de la obra en si misma, cuando no reparamos tanto en la intervención individual de los distintos elementos como en la valoración de conjunto, cuando la obra sobrevuela nuestras cabezas y nos hace volar a nosotros también, cuando el mundo que nos propone a pesar de su artífico nos seduce y nos absorbe, cuando todo esto sucede, la calidad de la representación ha sido tan alta que lo que brilla con luz propia no es tal o cual elemento sino la obra maestra, la creación abstracta que como cúmulo de signos geniales expuestos sobre el papel, adquieren todo su sentido cuando son llevados a la vida.

No es que todo resultase perfecto, pero algo así ocurrió el pasado sábado 2 de octubre en el Teatro de la Maestranza, en la puesta en escena de la ópera “Las Bodas de Fígaro”, que la representación hizo honor a dos genios, Wolfgan Amadeus Mozart y Lorenzo Da Ponte, autores de la música y el libreto respectivamente de esta obra genial. Se puso de manifiesto la perfecta estructura de esta ópera bufa, en la que todo encaja con precisión suiza y en la que la música no es un mero acompañamiento de los números cantados sino que está unida al texto de tal forma que es totalmente inseparable de este.

La música de una belleza incomparable, llena de sutilezas, estuvo  expuesta por una Orquesta Sinfónica de Sevilla con un sonido muy mozartiano  en la que se han aligerado texturas en aras de una mayor transparencia y claridad instrumental, donde se realza el protagonismo del viento madera, pero sin prescindir de sentido dramático, gran labor, por tanto, de su director Pedro Halffter. Las voces bien en general con las destacadas aportaciones de la condesa por Yolanda Auyanet y Don Bartolo por Carlos Chausson.





La hermosa escenografía de época de José Luis de Castro enriqueció el sentido de la obra en la que se daba a Cherubino un protagonismo especial, convirtiéndose este en el personaje sobre el que pivota la acción. Un aspecto muy sugerente fue el que este personaje portara al final de la representación una lámpara que encendió él mismo, como alegoría al momento histórico en el que se desarrolla la obra, inmersa en la época pre-revolucionaria, la luz como símbolo de la razón y de la ilustración. No hay que olvidar que la obra sobre la que se basa esta ópera estuvo prohibida por la equiparación que en todo momento se produce entre el siervo y el señor, es decir, entre Fígaro y el Conde de Almaviva, rompiendo la jerarquía de las clases sociales, detonante de la revolución francesa. 

Una magnífica versión discográfica de esta ópera es la de los English Baroque Soloists, orquesta de instrumetos originales, dirigidos  por John Eliot Gardiner, registrada en vivo con todo el encanto de una representación en directo, en la que se siente el aliento del público y toda la emoción del momento.

domingo, 2 de octubre de 2011

Inicio de la temporada en el Teatro de la Maestranza. Ciclo Mozart I

Con las bodas de Fígaro se culmina el inicio de temporada del Teatro de la Maestranza, con un pequeño ciclo dedicado al genio de Salzsburgo. Ha sido una inteligente e interesante propuesta de la dirección artística del teatro, por lo que significa para público y orquesta de adentrarse en el universo mozartiano. Los días 13 y 15 de septiembre, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), dirigida por su director titular y artístico Pedro Halffter, ofreció sendos conciertos monográficos en los que se interpretaron cuatro conciertos para instrumentos de viento de Mozart, los de flauta K.313, clarinete K.622, oboe K.271 y fagot K.191. Todos magníficamente interpretados en el papel solista por miembros de la propia orquesta y donde ésta dio claras muestras de su evolución y progreso en la interpretación, dentro de estilo, de este repertorio, con una cuerda menos numerosa y ágil que de costumbre, evitando el vibrato, inexistente en este periodo y muy común en épocas posteriores.

Destacó el bellísimo concierto para clarinete, obra maestra para este instrumento, de una enorme profundidad expresiva, en especial el segundo movimiento, que abona aún más la idea de considerar a Mozart como compositor que trasciende a su propia época. En palabras de Paumgartner “Todo en esta página es confesión dolida, sonriente sabiduría devenida sonido, iluminado conocimiento de lo bello, de la felicidad y transitoriedad de la vida”.
En el siguiente enlace se puede acceder a la magnífica versión de este concierto a cargo  de La Orquesta de Cleveland dirigida por George Szell y con Robert Marcellus al clarinete.

Cada uno de estos conciertos incluyó en su segunda parte una sinfonía, la número 40, K.550 y la número 41, K.551, respectivamente. La primera de ellas sonó impetuosa e intensa, más cerca de Beethoven que de intentar mostrar toda la desolada belleza que esconden estos pentagramas. Se presentía un cierto halo romántico en esta interpretación, que descoloca al principio, pero que alcanza todo su sentido si se tiene en cuenta la trayectoria vital de Mozart, su necesidad de libertad, su consiguiente alejamiento de la seguridad material en la corte  Salzburguesa para adentrarse en un mundo incierto los diez últimos años de su vida, con su traslado a Viena, para intentar vivir de su trabajo y no como un siervo más de la corte. Esto que fue posible en el siglo XIX, era todavía imposible al final del siglo XVIII al no existir aún una clase media burguesa que pagara por asistir a conciertos, y el músico todavía dependía de los encargos y caprichos de la Nobleza. En esta ansia de libertad tanto material como artística están cimentadas obras con un profundísimo sustrato expresivo propio de obras de épocas posteriores, como esta sinfonía número 40 o el concierto para clarinete referido anteriormente.

 La interpretación de la sinfonía número 41 fue de una claridad instrumental y belleza extraordinarias, mostrando con meridiana claridad su conseguido contrapunto y las grandes sugerencias operísticas de esta obra.

De estas dos sinfonías propuse una grabación mediante un enlace en la entrada del 8 de septiembre de este blog, con una orquesta moderna, la del Concertgebow de Amsterdam dirigida por Josef Krips, ahora propongo una versión de una orquesta formada por instrumentos originales, es decir de la época de Mozart, con tempos más vivos y contrastados, de la Orquesta du musiciens du Louvre dirigida por Marc Minkowski.

Mozart: Sinfonía nº 40. Minkowski

Mozart: Sinfonía nº 41. Minkowski

viernes, 30 de septiembre de 2011

Musica clásica con los ojos brillantes. Benjamín Zander.

Este video no tiene desperdicio, tanto si la música es una prioridad en tu vida como si te acercas a ella de forma tangencial. En definitiva, creo que le va a interesar a todo el mundo. Dura unos 20 minutos y está subtitulado en castellano. Es una charla dirigida a un grupo de personas que han asistido a un congreso, impartida por el director de orquesta Benjamín Zander, que entre otras prestigiosas orquestas ha dirigido a la Filarmónica de Boston desde 1979 y que es mundialmente reconocido por sus interpretaciones de la obra de Gustav Mahler. Destaca también por sus trabajos de difusión y acercamiento de la música clásica a todos los públicos.



martes, 27 de septiembre de 2011

Nabucco en la Ópera de Roma dirigido por Ricardo Muti. El arte y su compromiso.

He recibido un correo muy emocionante con un video de Youtube. Merece la pena compartirlo con todos. Este es un momento realmente crucial para la sociedad europea, en el que se tambalean los cimientos más importantes de nuestra cultura y los artistas en comunión con el público dan un testimonio inesperado y espontáneo.
A continuación reproduzco el mensaje que es conviente leer antes de ver el video:

"El pasado 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentarse a la realidad.
Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi,
dirigida por el maestro Ricardo Muti.
Nabucco evoca el episodio de  la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto "Va pensiero" es el canto del coro de esclavos oprimidos.
En Italia, este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo).
Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura que estaba haciendo el Gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y había sido ministro de
Berlusconi.
Esta intervención del alcalde, en presencia de Berlusconi que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.
Ricardo Muti, director de la orquesta, declaró al "Times":
"La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto "Va pensiero". Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión.
Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente.
Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el "Va Pensiero", el silencio se llenó de verdadero fervor.
Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y tan perdida."
Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba "Viva Italia" y "Viva Verdi". A Muti no le suele gustar hacer un bis en mitad de una representación.
Sólo en una ocasión, en la Scala de Milan, en 1986, había aceptado hacer un bis del "Va pensiero".
"Yo no quería sólo hacer un bis.
Tenía que haber una intención especial para hacerlo" - dijo Muti -.
En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y se oyó que alguien entre el público gritó:
"Larga vida a Italia!".
Muti dijo entonces:
"Sí, estoy de acuerdo: "Larga vida a Italia", pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo.
Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del "Va Pensiero".  
No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia.
En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad "bella y perdida".
Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena.
Muti prosiguió.
"Yo he callado durante muchos años.
Ahora deberíamos darle sentido a
este canto.
Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el "Va pensiero"
Toda la ópera de Roma se levantó.
Y el coro también.
Fue un momento mágico.
Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos.
En el enlace siguiente se puede vivir ese momento mágico, lleno de emoción."


lunes, 19 de septiembre de 2011

Audición: Sinfonías 1, 2 y 3 de Beethoven

Es difícil seleccionar obras de Beethoven para iniciarse en su música, pues son muchos los géneros, sinfónico, camerístico, piano solo,…  en los que llegó a las cotas más altas de calidad y maestría. Pero partiendo de la base de que ésto sólo es un comienzo, me atrevo a sugerir la audición de las tres primeras sinfonías. ¿Y esto por qué?. ¿Por qué no empezar con las extraordinarias y más conocidas quinta o novena por ejemplo? La razón es bastante simple, por asistir con los oídos más nuevos posibles al descubrimiento de los enormes progresos con respecto a sus antecesores, Mozart y Haydn principalmente, y para percibir el avance dentro de la producción del propio autor. Mientras que en la primera sinfonía Beethoven coge el testigo de su maestro Haydn, adoptando características propias de la música de éste (comienzo lento del primer movimiento, claridad estructural propia del clasicismo,…) evolucionando en la segunda a un lenguaje más personal aunque con un adagio también en el comienzo al igual que las últimas sinfonías de Haydn, y rompiendo absolutamente con todo en la tercera dando lugar a una de las obras más descomunales y rupturistas de la historia de la música.

En los tiempos que corren y después de lo mucho que se ha oído desde que se compusieron estas obras, es difícil percibir su modernidad, pero escuchando con atención estas obras podemos acercarnos a este ideal de novedad.
Beethoven es el compositor en el que se dan la mano el clasicismo en sus inicios compositivos con el romanticismo más personal en la última etapa de su vida, siendo uno de esos músicos con los que uno se involucra tanto que siempre sorprende y fascina a partes iguales.

Las grabaciones de estas obras son innumerables. Han sido llevadas al disco por una enorme cantidad de directores y orquestas por lo que seleccionar entre tanto y tan bueno es difícil. De todas formas, la versión que propongo fue una de las primeras que escuché allá por los 90 y todavía me sigue gustando y mucho. Es de la orquesta de Cámara de Europa dirigida por Nikolaus Harnoncourt grabada entre 1990 y 1991. Utiliza una orquesta moderna pero atendiendo al estilo historicísta, es decir, un número de músicos no muy grande consiguiendo una transparencia en el tejido musical muy apreciable, además son utilizados metales y percusión de época por lo que se obtienen unas sonoridades incisivas, cortantes y de una expresividad muy especial.

Beethoven: Sinfonía nº 3. Harnoncourt

martes, 13 de septiembre de 2011

Audición: Conciertos de Brandemburgo de J. S. Bach

Si se realizase una encuesta con la pregunta de cual es el compositor más importante de la historia de la música, seguramente Bach ocuparía el primer puesto. Su música no sólo está llena de logros técnicos que han marcado tendencia y que han sido estudiados de forma minuciosa por su sabiduría musical, además de por su gran creatividad a lo largo de los siglos, sino que además desde el punto de vista del escuchante, del aficionado, es un compositor realmente excepcional que no defrauda nunca y al que se vuelve constantemente, en muchos casos para descubrir que muchos de los avances de la vanguardia del siglo XX, se encontraban ya en la música de este compositor genial.
Su música es inagotable. Compuso más de mil obras en las que no se conocen obras menores. Nació en 1685 y murió en 1750, por lo que es un compositor del período barroco, coetáneo de otros excelentes músicos como Vivaldi y Haendel. Podríamos elegir muchas obras para iniciarnos en este músico, pero considero los Conciertos de Brandemburgo como obras ideales para esto.

Estas obras, seis en total, están catalogados como BWV 1046-1051, y fueron dedicados al Margrave de Brandemburgo, de aquí su nombre. En el manuscrito el autor se refiere a ellas como "conciertos para varios instrumentos" , es el caso, por tanto, de varios instrumentos solistas enfrentados a una orquesta barroca lo cual aporta un gran colorido y variedad instrumental a las obras dentro de un estilo más cercano al concerto grosso  italiano.

Los seis conciertos son obras maestras y sería incapaz de destacar alguno sobre el resto, me parecen excelentes todos, con una riqueza melódica y polifónica fuera de lo común. Para descubrir las grandes bellezas que encierran estas obras recomiendo escuchar una versión que se atenga a los postulados originales en cuanto a tipo y número de instrumentos, ya que en orquestas demasiado grandes y modernas se ha tendido a hacer versiones románticas de estas obras, lo cual va en contra sus principios originales. Afortunadamente estas prácticas están en desuso actualmente, y aunque ahora las orquestas sinfónicas vuelven a hacer suyos estos repertorios, se adaptan perfectamente a los cánones de la época, utilizando incluso, en algunas familias de la orquesta, instrumentos de época aportando frescura a las interpretaciones. También es muy común hoy que los grandes especialistas en música barroca y antigua en general dirijan a las grandes orquestas sinfónicas en estos repertorios, consiguiendo de estas magníficas interpretaciones atendiendo a los principios irrenunciables hoy día sobre los modos de interpretación barroca, y que en los últimos treinta años han sido objeto de debate por parte de los especialistas en la materia. Esta adaptación de las orquestas que todavía está en proceso está provocando un satisfactorio aumento y variedad de las obras en los programas de abono.

El siguiente enlace corresponde a la interpretación con instrumentos originales de "Música Antiqua Köln" dirigida por Reinhard Goebel en el sello Archiv, una de las mejores versiones de estas piezas.

Bach: Conciertos de Brandemburgo

domingo, 11 de septiembre de 2011

La Orquesta Filarmónica de Berlín y Andris Nelsons

El segundo concierto de la temporada de la Orquesta Filarmónica de Berlín ha estado dirigido por el letón Andris Nelsons, reciente triunfador en el foso del Festspielhaus de Bayreuth con Lohengrin. Es uno de los directores jovenes al alza en la cotización de las grandes orquestas, y ha dejado buena muestra de ello en el citado concierto.
Ha preparado un programa muy interesante, dedicado a Pfitzner, Strauss, Rihm y un redescubrimiento, la figura de Heinrich Kaminski (enlace). Autor alemán con no muy claro origen judío, nacido en 1886 y muerto en 1946. Apartado de la escena musical por los Nazis, y posteriormente postergado por la vanguardia de posguerra por su conexión con la tradición Bach, Beethoven y Bruckner, como tantos otros músicos que fueron sometidos a la tiranía del serialismo. La Filarmónica ha tardado 77 años en volver a interpretar música de este compositor, la obra elegida ha sido "Dorian Music".
Fue terminada en 1934. En apariencia se podría considerar como una obra de estilo neo-barroco, vigente en esa época en Alemania. Es un autor en el que habrá de indagar pues su música es realmente interesante.
¿Cuántos compositores quedarán todavía por redescubrir?. Seguro que muchos, y es una buena noticia cuando alguno de ellos sale a la luz. En Spotify hay un disco de este autor con música para cuarteto de cuerda.


El concierto finalizó con una maravillosa versión de la Suite del Caballero de la Rosa de Richard Strauss. El siguiente enlace corresponde a esta famosa Suite interpretada por el que fue Maestro de Andris Nelsons, el también letón Mariss Jansons al frente de la Orquesta de la Radio de Baviera.

Richard Strauss: Suite de la ópera "El Caballero de la Rosa"

jueves, 8 de septiembre de 2011

Audición: Últimas sinfonías de Mozart

Esta recomendación, como la mayoría de las que aparecen y aparecerán en este blog, es para aquellas personas que sienten la curiosidad por escuchar música clásica, pero no saben por donde empezar.

Sugiero que se comience por el clasicismo. Las cuatro últimas sinfonías de Mozart podrían ser un buen comienzo. Las sinfonías números 38, 39, 40, y 41. Son auténticas obras maestras. Encierran los grandes contrastes de la música de este compositor, todos en la misma proporción. Claridad y profundidad, lirismo y dramatismo, sencillez y complejidad, parece contradictorio, pero no lo es, depende de hasta donde estemos dispuestos a escuchar, por lo que satisface desde el principio, pero uno nunca se cansa de escuchar esta música, pues según vamos profundizando en ella acertamos a percibir más cosas y a disfrutar más.

Sinfonía nº 38 K.504 "Praga"


Sinfonía nº 39 K.543


Sinfonía nº 40 K.550


Sinfonía nº 41 K.551 "Júpiter"


La grabación es de la Orquesta del Concertgebow de Amsterdam, dirigida por Josef Krips, en una de las mejores versiones que se pueden escuchar de estas piezas.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Bayreuth V: Tristán e Isolda 2011

Por fin Tristán. Esta es la obra que se representa nuestro tercer y último día en el festival. Se produce en nosotros un sabor agridulce. Por una parte llega el momento de escuchar, en la verde colina, la obra que, en mi opinión, está en la cúspide del arte operístico de todos los tiempos, la obra de emociones más concentradas y de música más profunda de cuantas se puedan escuchar. Pero por otra parte somos conscientes de que el sueño de Bayreuth está a punto de acabar, de que todo lo que estamos viviendo formará parte de nuestros dulces recuerdos dentro de muy poco. Escribo esto unos días después de la representación, y llego a la conclusión de que ese sueño hecho realidad, y ahora convertido en recuerdo, deja un poso de vida y conocimiento, sin el cual no sería el que soy en este momento. Además después de haber estado allí, escuchar la música de Wagner en casa como he hecho siempre, me lleva de forma inconsciente a rememorar aquellos instantes y a vivir la música de Wagner de una forma más intensa si cabe.
Cuando comienza el preludio de Tristán con ese sonido tan profundo, denso y oscuro percibo algo de aceleración en el tempo, sin ensimismamiento, algo mecánico diría yo. La sonoridad de la orquesta mágica, como siempre, pero el sentido poético lejos de lo excelso. El solvente director Peter Schneider organiza la textura musical de manera soberbia, pero es algo frío en la expresión de las emociones, manteniendo éstas muy pegadas a la tierra, lejos de las metafísicas interpretaciones de los años cincuenta. En su haber habría que decir que el sentido teatral de la propuesta musical era soberbio. Algo después entendí el por qué de esta forma de enfocar el drama más impactante de Wagner: La propuesta musical era coherente con la propuesta escénica. Esta última estuvo lejos del ideal de esta ópera. Es bueno que haya propuestas novedosas y enfoques distintos  a los habituales para buscar el sentido ulterior de una obra maestra, pero cuando se va demasiado lejos, y lo que se hace es ir contra el sentido original, creo que estamos ante un fracaso.

La propuesta escénica podría no ser la ideal y tampoco llevar el drama hacia el lugar donde habitan los sueños. Por el contrario, se podría dar un drama de este calibre, como ocurre en la propuesta del escenógrafo Marthaler, en un transatlántico de principios del siglo XX, con todo el golpe de realidad que esto conlleva, en el que las tres estancias, que dan cobijo a los respectivos actos, van encajándose una encima de otra hasta conseguir que en el tercer acto, los dos actos anteriores queden encajados sobre este.

 En el primero, un salón del barco lleno de butacas, en una estética obsoleta y casposa, en el segundo lo que podría ser una gran sala de espera sin más mobiliario que dos asientos en el centro de la misma, y con toda la frialdad de las paredes desnudas, y un tercer acto que ocurre en una sala que podría ser de una enfermería en la que reposa Tristán sobre una cama con aspecto de potro de tortura. Todo esto podría no ser malo necesariamente teniendo en cuenta además que, al ir transcurriendo los distintos actos, los decorados de cada acto nuevo aparece en la parte baja del escenario, mientras que los anteriores ocupan el espacio medio y superior respectivamente, en el que el espacio está diáfano sin techo, apareciendo los restos de los actos anteriores solo en las pareces, como si quisiera indicarse el grado de profundización del drama hacia los lugares más recónditos y profundos, se supone que del alma, aunque aquí más bien hacia los lugares más cutres del barco.


Pero lo peor no fue esto, sino que los personajes en escena parecían más marionetas que otra cosa, donde Tristán e Isolda casi ni se tocan, como si de un drama doméstico estuviésemos hablando, donde Kurwenal en sus movimientos escénicos parece un patético personaje en el que sus gestos son ridículos y mecánicos y que cuando termina de cantar al igual que los demás personajes, se dirige muy despacio hacia la pared como si estuviese castigado, patético, donde el Rey Marke es simplemente un cornudo al que parecen importarle poco los escarceos amorosos de su mujer. Un Tristán, en definitiva lejos, muy lejos de ser interesante. En opinión de un entendido alemán con el que pudimos conversar, una representación aburrida.


Lo mejor de todo, además de gran calidad de la orquesta, fueros las dotes canoras de los cantantes pues las actorales no pudieron ser contrastadas debidamente al estar plegadas a esta absurda representación. La Isolda de Iréne Theorin espléndida, una voz portentosa y bella, con toda la energía interpretativa y musical  que requiere el personaje. El Tristán de Robert Dean Smith, de bella voz pero quizás algo escasa en algunos momentos, aunque muy valorable su actitud dramática durante toda la representación. El Kurwenal de Jukka Rasilainen de voz noble y poderosa pero desaprovechada por la pésima dirección de escena. El Rey Marke de Robert Holl de profundísima voz con perfecta emisión y en lo que la dirección escénica le permitió, muy expresivo.


El siguiente video nos da una muestra de esta producción:




martes, 30 de agosto de 2011

Audición: Concierto para violonchelo opus 104 de Antonin Dvorak

La obra fue compuesta por el compositor checo durante su estancia en America, es decir, durante uno de sus periodos más fructíferos. Fue estrenada en 1896, en el ocaso del periodo romántico. Es una de las obras más importantes de Dvorak, en la que se funden el aliento romántico, bellas melodías y la nostalgia por su tierra natal con unos momentos verdaderamente sublimes. Desde un gran virtuosismo a la mayor introspección. Los tres movientos son excepcionales, pero destacaría por su belleza el segundo. Recomiendo la versión de La Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Barbirolli, y con la excepcional Jaquelin Du Pré al violonchelo. Es una versión antológica, de gran belleza y con unos interpretes en estado de gracia.

  Dvorak: Concierto para violonchelo opus 104

viernes, 19 de agosto de 2011

Bayreuth IV: Parsifal 2011

En nuestro segundo día de asistencia al festival se representa Parsifal. Si una representación en la colina verde es algo muy especial, cuando la obra es Parsifal estamos ante un verdadero acontecimiento. Fue la última creación de Wagner y por tanto su testamento artístico. Es la obra más enigmática y profunda de cuantas compuso nuestro genial autor y la única pensada desde su inicio para ser representada en Bayreuth, lo que hace más significativa aún su puesta en escena en este especial enclave.
El festival de Bayreuth fue inaugurado en 1876, y Parsifal estrenada en 1882 un año antes de la muerte de Wagner. En ella, después de toda una vida buscando el origen de la humanidad al margen de la religión, pensemos en su magna obra “El anillo del Nibelungo”, se adentra en el universo del Santo Grial de Jesucristo, uno de los motivos por los que Nietszche se distanció de él de forma definitiva.
Cuando Wagner concibió este teatro, pensó en un público que asiste a las representaciones después de aparcar los problemas de la vida cotidiana, que se aleja de los mismos desde que comienza a caminar hacia la sede del festival, que asiste de forma reverencial a una manifestación de arte supremo, más tarde  llamada obra de arte total, en una ciudad pequeña, sin más distracciones que sus propuestas artísticas. Pensó en un teatro carente de cualquier lujo superfluo, con un patio de butacas que ocupa la mayor parte de la sala dispuesto a modo de anfiteatro romano. Tanto es así que los asientos carecen de reposa brazos y están acolchados mínimamente. El respaldo es todavía más austero, de madera sin más, eso si, alquilan un cojín a la entrada para mitigar un poco estas incomodidades, pero lo cierto es que éstas pasan a un segundo plano, cuando lo que se está viviendo es un sueño tantas veces imaginado. Toda esta austeridad permanece desde su inauguración, no tanto por un motivo estético o accesorio, sino para que la acústica de la sala no se vea alterada según su concepción original.




Desde un punto de vista musical la representación fue modélica, salvo pequeños matices. La orquesta de sonido poderoso  y matizado, estuvo dirigida por un excepcional  Daniele Gatti que realizó una interpretación  profundamente expresiva y de gran carácter dramático. La especial acústica de este teatro se percibe desde que se escucha la primera nota. La música no se sabe muy bien de donde sale, el foso y la orquesta no se ven, están totalmente ocultos. Los músicos están debajo del escenario lo que permite que la orquesta suene robusta y poderosa pero sin tapar a los cantantes, cuyas voces adquieren un protagonismo inusitado en una obra de Wagner. El coro del Festspielhaus llegó a unas cotas de calidad difícilmente igualables, realmente fuera de lo común.
Valorados en su conjunto los cantantes (enlace) estuvieron a gran altura, entre lo bueno y lo excelente. Cuando se habla en la actualidad de la crisis de voces wagnerianas, es algo con lo que no estoy de acuerdo. Existen voces wagnerianas excelentes, que cantan de verdad y no gritan como muchos piensan, que transmiten la verdad de sus personajes. Si comparamos los cantantes actuales con otros de épocas pasadas, por supuesto que algunos de antes son referencias inalcanzables, pero en general creo que hoy en día Wagner se canta muy bien. Lo que sí es cierto es que los cantantes actuales tienen que competir, injustamente, con las grabaciones históricas de los grandes hitos de la historia del canto wagneriano, lo que les hace asumir un papel muy incomodo. Hoy día podemos escuchar, gracias a la técnica, lo mejor de todos los tiempos, con una magnifica calidad sonora, algo realmente fascinante, pero que también puede ser peligroso, pues estamos permanentemente comparando.
Destacaron en esta representación  el coreano Kwangchul Youn en el papel de Gurnemanz con voz aterciopelada y de gran nobleza, que aportó toda la humanidad que el personaje requiere y la mezzo americana Susan Maclean de poderosos y expresivos medios, y con una gran versatilidad dramática, muy bien en la consecución de los múltiples perfiles del personaje. Conviene recordar que el papel de Kundry es uno de los más complejos de la creación wagneriana, su antecedente en la historia original en la que se inspiró Wagner, en realidad estaba representada por dos personajes muy distintos entre si, y nuestro autor los sintetizó de forma magistral en este personaje. Tanto Kundry como Gurmenanz fueron los más aplaudidos de la noche, con pateos incluidos, reservados sólo para las interpretaciones de mayor altura. De un nivel notable fue la interpretación que hizo de Parsifal el tenor neozelandés Simón O`Neill, con el único pero de unos ciertos problemas en la emisión de la media voz, pero compensados con la gran expresividad del forte. El angustiado y sufriente Amfortas del alemán  Deflef Roth, estuvo dentro del buen tono general, el resto del reparto a gran nivel.



La representación en cuanto al aspecto escénico, cabe calificarla de excepcional. Es difícil ver tantos detalles significativos en una puesta en escena, tan llena de ideas, conceptos y referencias extra-musicales. Es imprescindible conocer al detalle la obra antes de asistir a una representación de este tipo, pues se corre el riesgo de perderse y desorientarse al confrontar ideas preconcebidas, con otras incluidas en la propuesta teatral. En representaciones de esta clase, la escena parece contar una historia totalmente distinta a la original, pero si la propuesta es coherente, pronto se empiezan a ver las relaciones, con lo que la obra original es realzada, potenciada y actualizada en sus significados.
Cuando el preludio comienza a sonar, se entra en un mundo estático, sugerente, como ajeno al paso del tiempo. A los pocos compases se alza el telón, y aparece una habitación de una mansión del siglo XIX, en la que una cama ocupa la posición central, sobre ella una mujer moribunda, con aspecto de estar poseída, como si su alma no tuviese reposo, reclamando la atención de su hijo, lo llama mediante movimientos estentóreos, poniéndose de pie en la cama, agitando convulsamente los brazos, pero el niño se resiste, debe sentir lo que siente el público, miedo. Finalmente consigue que se acerque, lo abraza, este consigue despegarse de ella y se va a jugar al jardín. Todo esto sin mediar palabra pues ocurre, mientras suena el impresionante preludio de la obra. El comienzo por tanto es desconcertante, y empiezan a surgir preguntas en la cabeza, ¿quién es este niño vestido de marinero?, ¿Y la mujer?. Como si de un leitmotiv se tratara esta mujer aparecerá en otros momentos de la historia, pero lo que se siente de entrada es una gran inquietud. Cuando comienza la acción propiamente dicha, la escena cambia, lo que ahora vemos es la casa de antes vista desde fuera, es decir, desde el jardín, además se cae en la cuenta de que esta casa es Wahnfried, la mansión de Wagner en Bayreuth, otra sugerencia que procesar. En el jardín tiene lugar la siguiente escena, parece que ha pasado algún tiempo, los caballeros del Grial con Gurnemanz a la cabeza, portan unas grandes alas a la espalda que podrían ser de ángeles. Kundry lleva una estética como de ama de llaves, otro guiño: parece el ama de llaves de la Rebecca de Hitchcock. No lleva alas, como los demás, hay algo de intrigante en ella. Cuando entra Parsifal en escena va vestido como el niño de la primera escena, de marinero. Representa al niño inocente, al “puro loco”, papel fundamental en la obra. Cuando el sufriente Amfortas, ataviado como un Cristo de nuestros días, al final del primer acto, oficia el sacramento de la comunión para los Caballeros del Santo Grial, estos son soldados del ejército alemán de la primera guerra mundial.  En estos momentos uno entiende que lo que nos intentan contar es la historia de Alemania desde finales del siglo XIX hacia adelante.

En el segundo acto, Klingsor, auto-castrado para alejar la tentación de la carne y poder entrar así en la orden de los Caballeros del Grial, es representado con estética de cabaret de los años veinte. De cintura para arriba hombre, de cintura para abajo mujer, con liguero y tacones incluidos. Porta además unas inquietantes alas negras a la espalda, al igual que Kundry, en clara alusión al águila del escudo de los Nazis. Las muchachas flor están representadas en la escena como enfermeras en un hospital para heridos de guerra, éstas, además de cuidar también seducen y fornican con los enfermos. De este mundo decadente se pasa posteriormente a la sociedad de los Nazis, la estética de la escena cambia completamente, aparecen las banderas del Tercer Reich con sus atemorizantes cruces gamadas. Pero todo este tenebroso y oscuro mundo es destruido por Parsifal, que en la obra original está designado para la salvación y curación de Amfortas  además de para hacerse cargo de la orden de los Caballeros del Grial. Es la clara alusión a la segunda guerra mundial y la caída del nazismo.



El tercer acto ocurre en las ruinas del anterior, más concretamente frente a la casa destruida del primer acto. Lo que en la obra original debía ser el encantamiento del Viernes  Santo en el que se da toda la potencia creadora de la naturaleza, aquí más bien asistimos a las ruinas del mundo, pero en el que todavía hay esperanza, la que encarna Parsifal. Es la pureza de Parsifal la que llevará a la salvación en la obra original, y en esta propuesta escénica a la salvación del mundo. En la siguiente escena, vemos un parlamento, los caballeros del Grial son políticos y Amfortas su fatigado y decadente líder. Lo que en el original es una exigencia de que Amfortas propicie la comunión, aquí es un parlamento inquieto que necesita que su jefe y líder les marque el camino, pero éste debido a sus  problemas, está totalmente imposibilitado para hacerlo. Es de nuevo “el puro loco” Parsifal el que aporta algo nuevo, el único capacitado para salvar a una sociedad que anhela más que nunca una moral y una espiritualidad que están postradas ante el reinante materialismo.

Toda esta complejidad escénica incluye además otros elementos para el análisis, por ejemplo, aparece de forma permanente en la escena, la tumba de Wagner así como el holograma de su cara surge en un momento puntual, haciendo a éste protagonista de la historia. También hay una clara referencia al muro de Berlín, el niño antes citado va poniendo sus ladrillos como si se tratara de un juego. En otro momento impactante de la representación, al final del tercer acto, un espejo gigante situado en el fondo de la escena hace que todo el público se vea reflejado en él, metiéndonos a todos dentro de la historia.

Después de asistir a una representación de este calado, se confirma la idea de cuán importante es el arte para conocer la existencia humana, tanto desde un punto de vista individual como colectivo. Esta obra está llena de referencias hacia la vida espiritual, donde la redención y el perdón juegan un papel protagonista, donde el dolor espiritual y la “herida” que como Amfortas, todo ser humano puede llevar dentro de si, condiciona los comportamientos y los actos, y como la liberación de este dolor es la única vía de superación personal y de anhelo de felicidad.
La puesta en escena además de esta búsqueda interior, inherente al planteamiento original de Wagner, enuncia un ambicioso programa de exploración en la conciencia e historia del pueblo alemán, en el que es fácil identificar su “herida” incurable, a lo largo de su reciente historia. De esta forma llegamos a pensar en la grandeza de la obra wagneriana, por su capacidad para sugerir y proponer nuevas lecturas a futuras generaciones, haciendo más amplia aún su vocación absoluta, permitiendo el acercamiento a un ideal abstracto del que manan las ideas del mundo, donde el arte propone un camino de búsqueda y exploración personal que nos convierte en mejores personas, donde la experiencia estética y la ética van de la mano.


En los siguientes videos se puede ver una muestra de esta producción de Parsifal, aunque los comentarios en alemán: