lunes, 16 de enero de 2012

1. Concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (17-02-2012): Introducción

Al enfrentarnos a una obra de arte, se  pueden percibir un sin fin de emociones, las que nos aportan la belleza, el drama,  el uso de elementos que nos parecen geniales u otros de los que no somos conscientes. En pintura puede ser el uso del color y de la luz y en música la combinación de timbres o el desarrollo de una melodía. Son sensaciones personales y a veces intransferibles que entrenan a nuestros sentidos, nos enseñan  a percibir las cosas que nos rodean, a ver y escuchar lo que tenemos ante nosotros y que podría pasar desapercibido por su aparente insignificancia, pero que vistos con la suficiente atención hacen de la vida algo maravilloso, es decir, nos ayuda a percatarnos de la realidad sensible que nos rodea.

El mensaje que el autor de la pintura o de la música o de cualquier otra manifestación artística ha querido transmitir, está oculto en el lenguaje que ha utilizado. Pero no hay arte más enigmático en este sentido que la música. El compositor utiliza sonidos para transmitir su mensaje emocional,  indescifrable desde un punto de vista racional, sólo perceptible mediante nuestras emociones. En relación esto, el cineasta ruso Tarkovsky afirmaba lo siguiente con respecto al arte:

“ Lo infinito no es materializable, tan solo se puede crear una ilusión, una imagen. Una idea se puede crear y sentir, aceptar o rechazar pero no se puede comprender en un sentido racional. La idea de lo infinito no se puede expresar con palabras. Ni siquiera se puede describir, pero el arte proporciona esa posibilidad. Hace que lo infinito sea perceptible”. 

 Cuando uno asiste a un concierto debe dejarse llevar, pero con una escucha atenta que preste atención a los detalles, dejando que sean nuestras emociones las que afloren. Todo esto es un magnífico entrenamiento para nuestra sensibilidad, nos ayuda a conocernos mejor y por tanto a conocer también mejor a los demás.  En definitiva nos hace mejores personas y más humanos. Si asistiendo a este concierto consiguiéramos acercarnos un poco a este ideal, habría valido la pena. Nos sentiríamos en una mayor disposición de comprender y de ser más felices.

Cuando se habla de música clásica aparece en no pocas personas un prejuicio inconsciente, como si habláramos de algo aburrido, sin mucha sustancia. Como mucho se habla de ella como música relajante, que se escucha mientras se está leyendo, o haciendo cualquier otra cosa. Quien así piensa, normalmente no se ha parado a escucharla realmente. Posiblemente esto sea un rasgo de nuestra cultura. Somos un país con escasa tradición musical y eso se nota en la apreciación que se tiene de la música.
Para una buena apreciación de la música es conveniente un conocimiento previo sobre el compositor, del entorno social e histórico al que pertenece,  del estilo y sobre su ubicación en la historia de la música. Cuanto más se sabe de una cosa más se disfruta de ella. No puede amarse lo que se desconoce. Es conveniente también escuchar la música atentamente, tomándonos nuestro tiempo, concentrados y sin interferencias que nos descuiden de lo importante en el concierto. ¿Por qué cuando estamos viendo una película no concebimos estar haciendo otra cosa y sin embargo vemos normal escuchar música mientras realizamos otra actividad? Seguramente por no saber que cuando la escuchamos con atención, es el compositor quien nos habla y nos lleva de la mano por su universo personal ayudándonos de esta forma a descubrir también el nuestro.

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